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Rubén Rivas

Rubén Rivas

Estamos claros que la crisis vino para quedarse, no hay visos de mejoría inmediata y por ahora se generan nuevas reglas en el panorama internacional y nacional; las señales cambian constantemente, sin rumbos precisos, y el tráfico debe continuar a fin de evitar atascamientos en la macro y microeconomía, al menos, más de los actuales.

 

Habrán muchas estrategias para lograr esta finalidad, sin embargo, una que resulta vital para la sostenibilidad, es la de propiciar comportamientos maduros y coherentes, enfocados a producir calidad en toda esfera, desde el servicio al producto, sin descuidar el crítico comportamiento de los hacedores de ese servicio o producto. Esta estrategia se circunscribe en la capacidad de provocar, mantener y expandir el compromiso de las personas que integran el equipo de trabajo, tarea nada fácil considerando los antivalores que privan actualmente en el medio.

 

Lograr el compromiso es el nombre del juego sin duda alguna. Sin compromiso no hay acción trascendente y sin ella habría que conformarnos con repetir actividades sin resultados superiores, que al final nos llevan a la fatalidad que tanto tememos, es decir, la inacción y sus consecuencias.

 

Estimular un compromiso maduro y real, no resulta fácil considerando la mentalidad que poseemos actualmente muchas personas, la cual se concentra en un concepto superficial y hedonista de la vida. Generalmente un compromiso requiere de inusuales aportes y hasta sacrificio, despojándonos de conceptos simplistas de éxito y desplegando un elevado coraje para lanzarnos a acciones que desbaratan mentalidades flojas y conformistas.

 

Compromiso implica la capacidad de cada persona de involucrarse plenamente con las acciones que generen mejores escenarios al interior de la organización. Es un compromiso que obviamente inicia con el de la dirección de la empresa. Hablamos de directivos que crean genuinamente y se arraiguen a un ideal que genere entusiasmo para sí mismos y para los demás. Ideales que provoquen incomodidad con nuestra actitud actual pasiva. En este sentido, los líderes deberían visualizar en cada empresa un escenario perfecto para provocar equipos de alto rendimiento, capaces de innovar y transformar. No podríamos solicitarle algo relevante a los miembros del equipo sí el líder no es capaz de aportarlo antes. Así, en esa dinámica contagiosa, podrá ganar adeptos y estimular nuevos compromisos individuales de cada integrante.

 

Sin duda esta estrategia conlleva un grado de dificultad elevado, el humano, ya que se debe generar relaciones altamente vinculantes con los diferentes actores a fin de favorecer una relación monolítica, capaz de superar las adversidades y presiones venideras. De allí que hablemos de compromiso: independientemente de los obstáculos, hay un propósito que cumplir y una feroz voluntad por alcanzarlo. El compromiso va más allá de las trabas inmediatas, va en pos de lo que se encuentra superando esas trabas, el éxito mismo.

 

Con compromiso, no existen fronteras ni límites, sólo horizontes y explanadas para iniciar el camino, el cual no estará exento de tropiezos, insisto, y problemas que generen desánimos. Cuando estos surjan habrá un contrapeso vital, el de recuperar la vista puesta en el compromiso asumido con seriedad y responsabilidad total.

 

Propiciar el compromiso personal como directivo y luego el de los miembros del equipo, es una opción radical de dejar de actuar contemplativamente para actuar efectivamente. Si usted no asume su compromiso, prepárese para recoger los escombros. Cada día sin compromiso en lo vital usted se aleja de la ruta que lo debería llevar a su plenitud como persona y como trabajador.

 

“El hombre sabio querrá estar siempre con quien sea mejor que él” - Platón

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Miércoles, 14 de Diciembre de 2011 09:12

Concepto de Vida, más que Proyecto de Vida

Estamos acostumbrados a escuchar o referirnos al término “Proyecto de Vida” como aquel sistema funcional de vida en el que nos comprometemos para alcanzar algún propósito particular en la existencia de la persona. El término es acorde en tanto da orientación sobre lo que es importante para alguien en particular y sobre lo cual habrá de concentrar sus esfuerzos y energías.

 

Sin embargo, el término a considerar previo a todo proyecto de vida, debería ser “Concepto de Vida”, el cual se refiere a las creencias fundamentales y constructivas que rigen a la persona sobre lo qué es la vida de sí mismo/a y la de los demás. Concepto de vida es la visualización de cómo debe o debería ser la vida desde el fundamento de los valores personales, es decir aquellos principios superiores que mueven a la acción.

 

Un proyecto de vida es bueno pero habrá que preguntarse desde qué concepto se concibió: uno propio o de otros, ajenos a mi vida. Podría contar con un proyecto bastante definido de vida y con directrices coherentes y efectivas, pero ello no implica que esté edificando el verdadero proyecto para mi vida, si éste ha sido conceptualizado desde guiones e ideas que no radican en la fuente de sabiduría vital de cada persona. Los proyectos de vida podrían ir desde una formación y una vocación, un trabajo hasta un matrimonio o familia; el factor vital acá no radica cuál sea si no de dónde proviene.

 

Es muy fácil iniciar una vida y continuarla, absorbiendo a través del proceso familiar, de socialización, formación y exposición continua, a ilimitados mensajes, durante el cual es usual que queden sepultadas nuestras riquezas más profundas sobre las cuales se yergue nuestro ser, un ser que no sigue alzándose al quedar relegado por los conceptos “extraños”, adquiridos sin filtro alguno. Por mencionar algo, ¿quién no busca el reconocimiento y el éxito? y ¿de dónde proviene ese deseo frenético de conseguirlo? Acaso la respuesta no se encuentra en la avalancha de ideas de un sistema de vida enfocado a la búsqueda constante del poseer, el apego y el placer. Muchos mantenemos un carrera constante tras algo que de verdad no queremos alcanzar, pero de alguna forma ha sido estimulado desde fuentes externas.

 

El problema de vivir de forma superficial proyectos que no nos corresponden, es sencillamente que realmente no vivimos nuestras vidas, y de ser así ¿qué caso tiene tanto esmero? Antes o después nos terminaremos enterando que aquello fue una ilusión producto de condicionamientos sutiles.

 

A fin de desenmascarar esas baratijas disfrazadas de tesoros debemos hacer nuestro examen y sumergirnos en nuestro interior, a fin de recuperar la riqueza basada en nuestros valores fundamentales, aquellos que rigen el camino correcto, la senda perfecta y el ascenso a lo realmente gratificante y trascendente. De allí se genera un buen comienzo para poseer un concepto de vida robusto y definido, nada frívolo y banal, si no delineado por creencias potentes de realización personal. Y desde allí usted podrá conceptualizar proyectos de vida con sello personal, libre de un menú de pseudos proyectos.

 

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Más allá de las predicciones apocalípticas que intentan dar respuestas esotéricas a los excéntricos sobre el devenir de un nuevo año, existe una realidad impostergable: nos enfrentamos a un 2012 cargado de cambios, especulaciones, incertidumbres y pronósticos cuestionables y hasta desalentadores.

Sí vamos a ser serios en interpretar los signos de los tiempos, tendremos que admitir que estamos de cara a un año desafiante e impredecible que nos obliga a reaccionar de forma intelectiva, reflexiva, proactiva y emotiva para responder a esas señales que presagian tiempos proféticos de flaqueza o riqueza. Aportemos nuestra cuota a que el balance sea lo más favorable para nuestros propósitos. Para ello deberíamos abordar y prepararnos ante tres escenarios de acción: el empresarial, el profesional y el personal.

A nivel empresarial, debemos considerar los diferentes requerimientos institucionales y las variables micro y macroeconómicas, sin descuidar el clima político, que dan marco al funcionamiento de nuestras empresas; desde la normativa contable, hasta las reglamentaciones de seguridad y calidad, observando seriamente el entorno económico en permanente crisis, la que llegó para quedarse. Informarse técnicamente de las tendencias económicas a nivel mundial nos facilitaría tener una idea de las rutas a seguir o evadir, a fin de propiciar la subsistencia y permanencia de nuestras empresas. Asimismo, dar respuesta a las nuevas exigencias contables, legales, tributarias y de índole similar, convendrá a fin de evitar complicaciones que limiten la capacidad de gestión de nuestras organizaciones. Un ejercicio estratégico empresarial sería saludable y hasta necesario.

A nivel profesional, la pregunta a clave es “¿Podremos responder con efectividad a un entorno desafiante con las mismos comportamientos de antes?”, de ser rigurosos la respuesta es negativa. Acá debemos de realizar nuestra revisión del inventario con que contamos en nuestro rol de trabajadores y profesionales. Es decir, evaluar cuáles son mis actuales competencias profesionales, en qué grado se encuentran, sí deberán actualizarse y cómo hacerlo. De igual forma, considerar la adquisición de nuevas competencias que forzosamente hemos de desarrollar ya que como dijimos anteriormente, habrá un entorno cambiante y de mayor exigencia, así que la ilusión de que estamos capacitados se desvanece ante la demanda de nuevos comportamientos mucho más productivos y efectivos. Las respuestas que podamos dar ante los cambios persistentes, podrán variar en calidad en función del conocimiento y habilidad desarrollada, de allí que se debe prestar especial atención al fortalecimiento del talento humano de su empresa a través de la formación constante.

A nivel personal, debemos considerar que posterior a un periodo de exigencias y presiones constantes, habremos de retomar nuestro fortalecimiento interior, superando temores, ansiedades, dudas, desánimos y negativismos. Este periodo que concluye se ha caracterizado por malas noticias, su frecuencia y su connotación sin duda ha hecho mella en cada persona, en mayor o menor grado, siendo evidentes o latentes, pero nadie puede estar excluido de los perniciosos efectos de esta epidemia social devastadora, que ha quebrantado el espíritu de un elevado porcentaje de personas. El nombre del juego es “fortalecerse”, no de forma cosmética, si no real y genuinamente. Sométase a un reencuentro con su interior y con su potencial. Revise sus recursos personales y utilice sus iniciativas responsablemente. Las ideas que posee de un pasado desfavorable que no limite su nuevo escenario, seguramente mucho más imponente y retador, pero no más grande que su espíritu superior. Ahora puede y debe recuperar su autoestima, su motivación, sus proyecciones y ante todo, su creencia inalterable que podrá responder con tenacidad y efectividad a cada trazo del camino cambiante que depare este nuevo año de conquistas y no de derrotas.

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Viernes, 14 de Octubre de 2011 11:55

La Indisciplina, Bloqueo del Progreso

Sí nos detenemos a pensar cuáles son las principales cadenas personales que limitan a las personas a alcanzar su “don total”, encontraríamos una intensa variedad de ellas. Las personas solemos construir de forma prolifera grilletes que obstaculizan el propio progreso.

 

Una de estas cadenas fundamentales es la falta de disciplina, tan visible desde el lenguaje que ocupamos hasta el tono de voz pasando por otros rasgos exteriores como vestimenta y pulcritud; y esto sólo lo que corresponde a lo exterior. Si entramos a explorar a profundidad encontraremos patrones conductuales que nos limitan nuestra efectividad, como levantadas tardías por la mañana, incumplimientos de horarios, escritorios abarrotados de tareas pendientes, agendas saturadas e inconclusas, olvidos recurrentes, postergaciones. Y la lista apenas comienza.

 

La falta de disciplina presenta la marca distintiva del individuo sumergido en una dinámica descendente, contemplativa y decadente, que normalmente no logra ver su propia autodestrucción y tiende a victimizarse frente a las condiciones adversas que acontecen en su vida, evadiendo la responsabilidad que tiene para cambiar ese ambiente hostil que se ha generado por decisiones personales ligeras y simplistas.

 

Recordemos también que contar con personas indisciplinadas, además de generar autodaño, provoca un daño ni siquiera colateral si no directo y real en la dinámica que establece con otras personas, en tanto que sus pautas de incumplimiento, desidia y pasividad repercuten en las acciones de los siguientes actores en la cadena de gestión.

 

Romper un patrón de indisciplina resulta titánico pero hacerlo es la respuesta acertada para transformar la vida y el entorno de esa vida.

 

Una persona resuelta a transformarse como individuo disciplinado, debe tener en cuenta las siguientes acciones:

 

  1. Voluntad: decídase maduramente a cambiar de vida, de la indisciplina a una disciplina básica, que luego irá progresando hasta lograr un nivel de disciplina superior. Sin verdadera voluntad, todo será un deseo más que inicia por la mañana y por la tarde agoniza y al anochecer sólo será una sensación más que no se realizó.
  2. Plan de Acción: para que no sea esa sensación dicha, diseñe un verdadero plan para concretar las voluntades. No se trata de buenos deseos y pocos hechos. Sí logra definir acciones concretas con fechas precisas estará cerca de realizar su cambio, el mismo que le permitiría una vida más digna y libre. Precisar acciones nos acerca a metas, las metas a los objetivos superiores, pero el paso fundamental: escriba lo que hará.
  3. Compromiso: ahora comprométase a concretar lo que dijo y escribió que haría en su plan de acción. Ya no será cuestión de voluntad, ni de documentar la ruta de acción, lo vital está por venir cuando se comprometa plenamente, al grado que muchas de esas acciones formuladas podrían incluso ser superadas de mantenerse un compromiso genuino. El compromiso es el factor clave, vital, fundamental, para dejar de ser una consecuencia de estilos de vida inferiores.
  4. Estructura de apoyo: solicite apoyo a otras personas para mantenerse en la ruta; el ánimo, seguimiento y retroalimentación que otros provean serán cruciales para que no desmaye en su propósito inicial. Los copilotos de esta batalla personal deben estar allí, alertas a darnos soporte en nuestro proceso de cambio. Si no existen personas concretas, aluda a personajes excepcionales a quienes pueda modelar o lecturas enriquecedoras, que harán sin desmerito el papel de compañeros de cruzada.
  5. Medición de progresos y sostenimiento: medir continuamente los progresos y desaceleraciones, ayudará a mantener o retomar la ruta. Así no será algo discrecional sujeto a nuestras temperaturas emocionales. Evaluar el avance nos obliga a avanzar, no hacerlo, nos lleva a claudicar.

 

No olvide que el germen de la indisciplina se resistirá a salir de su cuerpo y mente, se ha arraigado e incrustado en su vida; desalojarlo será una acción de una persona superior. Con ese espacio libre, usted podrá alojar al nuevo huésped que será una actitud de disciplina que le permitirá acercarse a sus anhelos más profundos y más gratificantes de vida. Fácil no será, necesario, si.

Jueves, 28 de Julio de 2011 14:20

Desesperanza en El Salvador

De más está decir que la desesperanza es ahora la gran presente entre las personas en este país, abrumado por diferentes factores que van desde la economía hasta la inseguridad, pasando por la falta de oportunidades, los conflictos nacionales, entre otros.

 

Es así como ya ni siquiera sorprende encontrarse con todo tipo de personas que evidencian su marcada desesperanza; algunas las disfrazan y otras la exteriorizan abiertamente. En repetidas ocasiones he tenido la oportunidad de encontrarme con grupos de personas que asisten a nuestros seminarios o capacitaciones, y muy a propósito exploro el tema del desánimo y la desesperanza, al unísono el público asistente responde afirmativamente que la misma existe en la población salvadoreña y en gran medida, ¿casualidad para tantos grupos de personas?, no lo creo, es más bien ya un patrón de conducta que debemos vigilar. Pocos días atrás conversaba con un joven estudiante de una universidad reconocida y al observar su rostro desfigurado, sin reparo le pregunte qué le sucedía y él también sin ningún reparo, como si nos conociéramos, me respondió: “estoy agobiado”, tendría 20 años y esa fue su respuesta. Realmente inquietante.

 

Extrapolemos la situación de un joven de 20 años a los miles de adultos cuyos círculos de preocupación son de mayor magnitud y derivemos qué tipo de población contamos. Es decir, sí para un joven de esta edad encontramos esta actitud negativa y nefasta, qué podemos esperar de personas de mayor edad cuyas necesidades han aumentado conforme se dejaron influenciar por los cantos de sirena.

 

Lo cierto que por ahora estos obscuros visitantes en nuestras vidas tiene nombres específicos: desesperanza, desánimo, temor, negatividad, depresión, angustia, ansiedad y puedo continuar mencionando otros más, pero la idea se tiene. Estas emociones negativas actúan precisamente como un cáncer emocional en nuestra sociedad, minando inicialmente a cada persona y contaminando a más conforme se mantiene esta espiral descendente de inconformidad y nulidad de la vida misma. Insuperable metástasis.

 

Ahora bien, deduzca usted cómo será la productividad individual y grupal, cómo será la calidad de trabajo que producimos con todas estas tóxinas en nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Conforme aumentan nuestras tensiones y preocupaciones, disminuye comprobadamente nuestra productividad; toda preocupación roba espacio y energía mental y emocional a cada persona, reduciéndola a expresiones automatizadas y rutinarias, sin probar nuevos caminos y mejores acciones. La angustia, en cualquier tipo de grado, es la respuesta que tenemos ante los desafíos, desde que amanece hasta que anochece.

 

La madre Teresa de Calcuta lo decía expresamente: "la mayor pobreza ahora es la soledad y la falta de reconocimiento", ¿cuál reconocimiento? El de los demás; pero cómo podemos apoyar a otros si nadie nos apoya a nosotros. Este tipo de pobreza nos lleva a actuar como desamparados, sin rumbo, sin refugio y sin horizonte. Mientras eso sucede sobrellevamos una existencia vulnerable, incapaces de cambiar la dirección a la espera de acontecimientos fortuitos y externos que nos haga ver una luz de "esperanza", de allí que esperemos redentores para nuestras vidas cuando está claro que nadie con nuestras mismas limitaciones logrará tal hazaña.

 

La actual crisis económica no sólo puso al descubierto el limitado acceso de las personas a los recursos materiales, si no fundamentalmente puso al descubierto la verdadera escaces de nuestros propios recursos personales (conocimientos, valores, creencias, intelecto, emociones, personalidad, carácter, competencias, espiritualidad) para hacer frente a las adversidades de este tipo. La verdadera lección de esta crisis es que nadie busca soluciones desde si mismo si no desde otras personas, y mientras, el círculo vicioso se robustece.

 

La desesperanza es un fantasma de muchas cabezas que sólo puede ser esfumado desde su propia cabeza.

 

Habrá que iniciar, sostener y mantener una cruzada personal e individual, obviamente con la búsqueda de estructuras de apoyo, capaz de recuperar nuestras propias vidas, explorando intelectiva y efectivamente nuevas y mejores rutas para la realización y el éxito. Considere las siguientes pautas:

  1. Trabaje minuto a minuto en recuperar su autoconfianza. ¿Cómo? Inicie por recodar que si se encuentra con vida, es que tiene oportunidades ilimitadas aún.
  2. Aislese de los contaminantes sociales y emocionales. No evada, sólo evite darles poder.
  3. Fortalezca sus capacidades personales y profesionales. Trabaje en su desarrollo, descubra su potencial.
  4. Defina un plan de vida ascendente.
Viernes, 01 de Julio de 2011 15:37

Ineficacia de los Mandos Medios en las Empresas

Es frecuente escuchar los lamentos de los empresarios, directores y gerentes acerca de que los mandos medios, es decir, jefes o supervisores de las empresas que dirigen, no alcanzan a llenar sus expectativas en cuanto a lo que se “supone” deberían realizar en sus puestos de trabajo, como responsables de área.

Lo cierto es que las continuas quejas y frustraciones son realidades incuestionables como lo es también la escaces de recursos que se les provee a dicho personal para asumir ese rol de líder y promotor de altos rendimientos. Usualmente se espera que a golpe de un nombramiento de jefe la persona se convierta en tal y los resultados esperados aparezcan como por arte de magia.

A continuación se presentan algunas consideraciones que se deben tener en cuenta a fin de comprender las causas que limitan el desempeño de los mandos medios. Además se anotarán algunas acciones que se pueden ejecutar a fin de erradicar dichas causas y generar las condiciones para que nuestros mandos medios desplieguen la tan ansiada capacidad de “dirigir”

1.      No se define claramente el perfil que deben asumir y se limita a considerarsele que deben ordenar y supervisar.

Es claro que cada organización posee sus características particulares y sus gestiones inigualables, así como sus propios mapas de movimiento. Muchos de los actuales mandos medios han sido personal operativo o staff que ha recibido alguna promoción, otros provienen de otras empresas con cargos similares pero en organizaciones con ambientes diferentes en cuanto a giro, estrategias, procesos, políticas, estilos de dirección; todo ello resumido a que proceden de culturas empresariales que nunca podrán responder a la suya.

Básicamente conviene confeccionar un perfil para esos mandos medios determinando las funciones y competencias necesarias para alcanzar los imperiosos resultados que pretendemos con sus nombramientos. En blanco y negro podrán definirse los elementos clave de funciones y actuaciones que deberá desplegar aquellos a quienes se convierten en enlace entre la dirección y el personal operativo.

 

2.      No se les faculta para asumir las competencias necesarias, entre ellas, liderazgo, balance emocional, madurez, criterio.

No basta con un perfil, éste sólo es el primer elemento para guiar el siguiente paso, el cual se refiere ahora a potenciar a ese personal con las funciones y comportamientos provistos en dicho perfil. Es ahora donde priva el factor formación y capacitación de forma tal que el personal medio en la línea de mando pueda aprender a adquirir y mantener las habilidades vitales en su gestión técnica pero también aquellos comportamientos fundamentales para el éxito de su gestión. Como ilustración de lo anterior, el liderazgo es sabido que no sobreviene con un nombramiento de “jefatura”, es más, una vez efectuado este nombramiento las expectativas de dicho liderazgo son mayores y estas personas no siempre saben cómo responder a dichas expectativas. Similares condiciones se presentan para competencias como planeación, control, manejo de conflictos, criterio en la toma de decisiones, entre otros.

Determine aquellos comportamientos esenciales para fortalecer la conducción creativa y propositiva de los equipos de trabajo. Recuerde que esto ya habrá sido logrado en los perfiles diseñados. Luego proceda a lo realmente importante: provea de los recursos necesarios a sus jefaturas para que vuelvan visibles dichos comportamientos.

 

3.      No se les provee seguimiento a sus logros.

Mantener un seguimiento sobre los comportamientos adquiridos y sobre todo, que los mismos se desplieguen, es la manera más indicada para garantizar que los esfuerzos desarrollados se sostengan en actuaciones permanentes y de mejora constante. Dotar de facultades y competencias no será suficiente; debe verificarse que las mismas estén siendo utilizadas constantemente de forma tal que se convierte en una mística permanente de trabajo.

 

 

                                                                                      

                                                                                                    

 

Viernes, 10 de Diciembre de 2010 13:08

¿Por qué Perdemos el Tiempo?

Existe una frase popular “no tengo tiempo” y a ella le damos toda la justificación de nuestras derrotas diarias y las de la vida. Detrás de ese argumento se esconde una fabulosa incapacidad de hacerme responsable de lo único que me pertenece: la vida.

No obstante, bajo argumentaciones como ésa o similares diluimos nuestros recursos sin alcanzar una productividad que hoy por hoy y por siempre es necesaria para toda persona de perfil superior.

Una expresión más acorde a esa incapacidad debería ser “no sé administrar mi tiempo”, no sólo es elegante si no desenmascara las engaños que nos hacemos a nosotros mismos. Al decirlo con claridad comenzamos a verlo con claridad también. Ahora bien, ¿Qué implica “Administrar el Tiempo”? Básicamente implica tener la capacidad de conocer un horizonte, su entorno y saber cómo mantenerse en el rumbo para llegar a los propósitos definidos.

Lo cual conlleva cierto grado de complejidad ya que requiere conocerse a cabalidad, sabiendo con qué recursos cuento y quién soy en mi esencia; debemos tener presente que el único medio con que contamos para llegar a un lugar somos nosotros mismos.

Al tener esto claro, prosigo con la definición de mis objetivos fundamentales, para ello debe reconocer en que área se encuentra, cuál es su función y determinar metas capaces de guiar su accionar. Sin olvidar que no es un ejercicio académico, aunque requiera de formulación precisa de lo contrario al no hacerlo con criterios definidos estaremos creando las nuevas causas para desorientarnos de nuevo.

La formulación precisa es vital pero el fundamento es la acción a seguir, que más que formular ¿qué haré? es ¿cómo lo haré?, bajo un concepto de eficiencia. Estamos en el momento de trazar la ruta critica para lograr mi objetivo. Son planes tácticos y realistas para acercarnos a nuestras metas básicas. Pareciera obvio qué hacer, pero resulta que en la práctica se convierte en una nebulosa que nos lleva a dispersar acciones para perder oportunidades. Si se logra definir cómo llegar, la faena debería ser transitable y predecible.

Ahora bien, tener la capacidad de ordenar, organizar y concretar esas dos tareas fundamentales: objetivos y planes, son tareas titánicas, que el sólo hecho de formularlas no garantiza que hayamos logrado administrar nuestro tiempo, pero hemos logrado algo fundamental, es decir, contar con claridad de lo que debemos hacer.  Lo que resta para su concresión está unido a un factor aún más relevante, el compromiso y la disciplina para llevar a cabo las acciones enunciadas.

Y cuando entramos al campo del compromiso y disciplina incursionamos a un campo complicado de asimilar en tanto que hábitos nocivos incrustados por años comienzan a ejercer su poder sobre nosotros saboteando todo intento por dar cumplimiento a los objetivos y acciones propuestas. Uno de los principales hábitos es la conocida postergación, tan afianzada en nuestra cultura latina, creer que contamos con el mañana para hacer lo que debemos hacer hoy. Pareciera lógico concluir que deberíamos adquirir un nuevo hábito, el de la disciplina. Es una conclusión válida que tendría su principal motivante en que de no adquirirla estaremos perpetuando la esclavitud de nuestra vida a un reloj y no a programar el reloj en base a lo que es prioritario en mi agenda de vida.

Viernes, 10 de Diciembre de 2010 12:54

Contrarrestando el Rumbo Accidentado de La Vida

Perder el rumbo de la vida podría estarse convirtiendo en una experiencia masiva con consecuencias nefastas para las personas. La embestida de los acontecimientos personales, sociales, económicos, entre otros, están propiciando sistemáticamente que las personas se vean expuestas a una serie de demandas de un nivel superior a las capacidades creadas y trabajadas desde el interior. El balance se pierde y prevalece la presión.

La seducción de un entramado de valores superficiales es la forma sútil pero efectiva de ganar terreno en cada persona. A penas percibido, estamos expuestos a corrientes de pensamiento reduccionistas enfocados a la materialización descuidando la construcción de simientos personales que faciliten las condiciones para generar no sólo usufructos materiales sino fundamentalmente aquellos imperecederos como la sabiduria, serenidad, prudencia, entereza, tolerancia, etc. Estamos invirtiendo más tiempo en asimilar sin filtrar, ideas que lejos de fortalecernos, nos debilitan cuando la realidad impera. Piense usted en la trillada propaganda de “poseer” algo para ser feliz y cuando por alguna razón lo pierda, ¿qué sucede? obviamente, ser infeliz. La pregunta de rigor es ¿por qué tiene que ser así?

Las circunstancias actuales nos están forzando a hacer un alto en el camino y reevaluar la ruta trazada y la nueva a seguir, lo cual resulta positivo como experiencia de vida. Aunque estresante, es una experiencia potencialmente beneficiosa para el crecimiento. Toda carencia conlleva la evaluación de lo que se ha perdido y la necesidad creada o real de ese objeto perdido.

Un caso que inunda las leyendas urbanas hoy en día son las personas que han sido desvinculadas de un trabajo particular y aquellas que temen que ocurra esto; estas personas se encuentran expuestas a una sensación de vulnerabilidad que debería forzar a un análisis altamente reflexivo e intuitivo de los mensajes subyacentes. Lo anterior permitiría disponer de mejores elementos para una decisión más certera sobre lo qué continuará haciendo de su vida, lo cual va desde la búsqueda de nuevas oportunidades laborales hasta la reafirmación interior del poder personal, pasando por un proceso silenciosamente doloroso de despertar para sacar a flote lo que hará que el nuevo rumbo se convierta en un rumbo más predecible y menos accidentado.

Paradógicamente una adversidad como la mencionada, muchas veces nos paraliza y obstaculiza la visualización de nuevas y mejores rutas de acceso para retomar el camino correcto que nos llevará al lugar correcto. Frente a la amenaza sobreviene el desconcierto, la negación, la resistencia, la ira, la furia, la frustración, la depresión, empaque perfecto para abrigar la parálisis. Para todo  hay un  tiempo y debemos tomar el tiempo para experimentar todas y cada una de esas emociones, pero como condición básica para generar la conducta emprendedora en búsqueda de la condición que contribuya a la realización personal.

Cuando alguien es atropellado por la realidad, debe reponerse y descubrir las causas de ese accidente, ¿fue el camino?, ¿fue la ceguera?, ¿fue un descuido?, ¿fue el tráfico?, como sea, pero determinar qué lo causo y luego determinar qué camino seguir en lo sucesivo. Si retoma la ruta anterior, pondere únicamente que tan expuesto estará a un nuevo golpe y si toma una nueva ruta, pondere únicamente si tiene un plan para seguirla, ahora con un mejor criterio de a dónde ir, por dónde ir, cómo ir  y todo aquello que haga del trayecto un proceso de crecimiento y fortalecimiento personal.

Conforme aumentan las invitaciones frívolas y desencarnadas de vida virtual  y socializaciones carentes de sentido, conviene recordar que los seres humanos tenemos la facultad de construir nuestra identidad desde la dimensión de encuentros auténticos y reales de vida con aquellas personas que circunstancialmente han  llegado a nuestra dimensión personal.

Habrá que poner el énfasis necesario a estos encuentros que lejos de ser accidentales, bajo un enfoque de madurez se convierten  en encuentros providenciales para la edificación de una vida en plenitud.

Los momentos de encuentro son momentos donde se detiene la dimensión individual para acoplarse con una dimensión realmente rica, aquella de integración con otro ser semejante pero diferencialmente valioso para hacer de mi individualidad una pluralidad de límites insospechables.

El encuentro inicia cuando se supera la superficialidad de lo aparente y se conecta con la profundidad de lo real de las personas involucradas en ese encuentro.

Se detiene el ritmo circular vacío y estancado para dar paso al ritmo circular pleno y ascendente donde dos personas dejan de ver su limitado espacio para comprobar que existe un espacio ilimitado donde puedo expandir mis experiencias de crecimiento bajo una dinámica critica, analítica pero sensible.

Ese encuentro no puede estar ajeno al servicio  y a la ayuda de con quien tuve la fortuna de enlazar para generar un proceso interactivo de mutua construcción individual y grupal. Por tanto, no puedo abstraerme de sus necesidades, no puedo negarme a sus solicitudes silenciosas. He de generar acciones de ayuda y apoyo. El verdadero desarrollo de las capacidades se reafirman en clave de dos o más.

La experiencia de encuentro no es un fenómeno fácil de asimilar. Cúmulo de años de experiencia individualizada y reducida generan resistencia para incursionar en una realidad donde el otro o la otra comienza a tener más importancia que mi mundo poco cuestionado había ignorado anteriormente. El culto al sí mismo que ha generado un yo absorbente y limitado se resistirá a perder sus privilegios aunque los mismos  no me hayan permitido avanzar ni evolucionar. Comenzamos entonces a desenmascarar a ese ego con careta de identidad real.

Con todo, existe una capacidad embrionaria de visualizar una riqueza derivada del encuentro de seres superiores y es ella la que debe ser alimentada y fomentada para proceder a rutas de vida que lleven a destinos trascendentes.

El factor clave para que ese encuentro prospere es el compromiso amigable y paciente de iniciar procesos de acercamientos continuos, graduales pero enfocados a descubrir tesoros del alma, del interior, que se puedan traducir en actos reales de aportación y maduración.  La riqueza de los encuentros como pauta de conducta radica en transformar nuestras vidas desde las redes vitales de personas que han superado la trivialidad y construyen circuitos de energía mental y emocional que convergen en comportamientos capaces de generar una nueva realidad, aquella realidad enriquecedora y próspera como escenario para provocar nuevos procesos de cambio. Aquí yace la continuidad de un esquema virtuoso y generoso de vida.

Desaprovechar los encuentros es sencillamente dejar de vivir en cercanía cálida para sólo existir en una individualidad solitaria y fría. Elija usted, vivir o existir.

En relación al tema de aprendizaje de adultos, debe considerarse que el adulto presenta una seria de características que pueden contribuir u obstaculizar su proceso de aprendizaje en un escenario de capacitación. Un factor determinante a considerar es que el adulto aprende en función del grado de significación que tiene para sí el nuevo aprendizaje, sí este aprendizaje no contribuye a manejar una situación de cambio y aplicabilidad en su vida, es muy probable que su grado de captación y asimilación se vea afectado. De allí la importancia de considerar la interrogante ¿qué es importante para el adulto ahora, en nuestra actualidad del siglo XXI?.

Si bien es cierto que el adulto posee muchos elementos autodirigidos y autogestionadores, apelando a su grado de "madurez", también es importante señalar que este adulto ha sufrido un proceso psicosocial particular en los últimos años, específicamente en lo que se refiere a su proceso cognoscitivo que conlleva una mentalidad particular lo  que conllevaría a reconsiderar algunos elementos teóricos divulgados por los "clásicos" y ortodoxos del aprendizaje del adulto.

Específicamente, en Latinoamérica, la pedagogía ha sufrido un deterioro considerable siendo sus principales víctimas los educandos, por tanto esos niños que aprendieron hace 15 años, son algunos de los adultos que ahora concurren a nuestros programas de capacitación. Estos adultos estarían expuestos a que algunas de las bases actitudinales y aptitudinales pudieran haber sufrido algún impacto, tales como el verdadero interés por aprender, el hábito de lectura, la capacidad de razonamiento y hasta la importancia que le adjudiquen a la formación. De allí que en el aprendizaje de dichos adultos, será favorable resaltar el papel del formador desde un enfoque de mentor, orientador y motivador para recuperar áreas que debieron ser atendidas previamente.

Complementariamente, me resulta sumamente llamativo el vigoroso vínculo que puede existir entre el capacitador de adultos y el coach desde el punto de vista de la filosofía de coaching empresarial, la cual pretende subsanar las deficiencias de los trabajadores a través de un aprendizaje constante donde el corrector y entrenador asume su rol de facilitador para llevar al adulto a responderse a sí mismo a través de una búsqueda constante de respuestas sustentadas en conocimientos e información.

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