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Rubén Rivas

Rubén Rivas

Los seres humanos, en su gran mayoría, solemos tomar actitudes de exuberante arrogancia en diferentes etapas de nuestra vida al grado que distorsionamos nuestra verdadera identidad al calor de sensaciones de grandiosidad que solo nubla el horizonte y limita las oportunidades.

 

El proceso humano de convertirnos en personas soberbias, fatuas e imponentes podría tener causas variadas, desde la experiencia de carencias pasadas en nuestra vida y su mecanismo de compensación presente, hasta momentos de extrema severidad sufridos por la misma agresividad de otros, sin olvidar aprendizajes de estos comportamientos en supuestos “modelos” en nuestras vidas. Independientemente de los orígenes de ese comportamiento endiosado, lo cierto es que debemos reconocer el perjuicio del mismo en todas las esferas de la vida, pero en una fundamental: la de nuestros ambientes de trabajo, en tanto que es en ellos donde ocupamos la mayor parte de nuestro tiempo y a la vez es donde deberíamos de propiciar conductas de mayor conciliación para el logro de objetivos comunes.

 

La soberbia misma limita la posibilidad de abrir canales y construir puentes de entendimiento y sobre todo, de ejecución. Normalmente una persona altiva, pretende imponer a los demás sus criterios y provocar un comportamiento contundente desde su percepción, aniquilando todo intento de otras opciones que podrían incluso, ser de mayor beneficio.

 

El lema es “vencer”, ni siquiera ganar, ya que cuando se vence, hay vencidos y de esta forma el vencido buscará revancha, generando una división constante que no sostendrá ningún progreso, por tanto, no hay en verdad ganancia. Y por otro lado, sí cree alguien haber ganado, será aparente, ya que esa división le socavará posteriormente. Puede saborear la sensación de “triunfo” momentáneo pero no podrá disfrutar el del éxito ya que para éste se requiere de los demás.

 

Usualmente tenemos la creencia que este comportamiento altanero se evidencia de mejor forma en personas que ocupan posiciones de autoridad en las empresas. Sin duda, la posición de mando, es un factor que podría incidir y provocar mayores espacios para pretender instalar y desplegar posturas intransigentes y ruidosas que suelen aplastar voluntades individuales y grupales. No obstante, la soberbia tiene diferentes rostros y diferentes lenguajes. También personas en cargos operativos podrían exponer rasgos de pedantería y arrogancia con su grupo par o bien con personas ajenas a la empresa, inclusive y peor aún, con clientes tanto internos como externos. Es decir, todos/as y cada uno/a somos propensos a ser sencillamente soberbios.

 

De más estará confirmar que, si bien, vivimos en un mundo que legitima y hasta premia la agresividad indolente sobre los demás, aplastando al “rival”, los costos y resultados al final sólo pasan factura con creces a la empresa y sus involucrados, en afección de la verdadera razón de toda empresa: el crecimiento de las personas para así lograr el crecimiento de las empresas.

 

Obviamente el antídoto para toda soberbia lo sabemos bien: la humildad, la conocida, promovida y olvidada… humildad. Y es que resulta totalmente incompatible tomarla como patrón de comportamiento en un mundo visceral y monstruosamente defensivo, argumentando sin verdadero sustento, que es señal de “debilidad” en un contexto voraz y mordaz. Lo cierto que la humildad puede tener muchas más llaves de acceso para el entendimiento y la complicidad sana entre los miembros de un equipo. Desmitificando el concepto de humildad, éste no implica una actitud pasiva, permisiva, lejos de ello, lleva consigo un ingrediente de serenidad que hace bajar las defensas de los demás. Alguien hace dos mil años, bien confirmó: “sean mansos como palomas pero sagaces como serpientes” en clara alusión que la mansedumbre no implica tolerancia indiscriminada, si no la capacidad de actuar con agilidad a fin de evitar daños por nuestra conducta y la de los demás, pero no de forma defensiva y atacante, en todo caso, de forma, reflexiva y asertiva, es decir, con firmeza sustentada en la razón y los valores.

 

Las decisiones que tomemos sobre qué comportamiento asumiremos, soberbia o humildad, dependerá de la verdadera responsabilidad que cada persona tome de conocerse a sí misma y establezca en relieve visual y vivencial sus principales valores de vida. Difícilmente se podrá mantener como constante un comportamiento beligerante y pernicioso, una vez hayamos dimensionado que la esencia misma del ser humano, pese al pensamiento generalizado que es la satisfacción propia, en verdad es la trascendencia de todo egoísmo para dar paso a la convivencia solidaria.

 

“La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano” - San Agustín

“La soberbia es el vicio más frecuentemente castigado, y, sin embargo, el más difícil de curar” - Nicolás Tommaseo

 

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Jueves, 04 de Octubre de 2012 10:29

¿Funciona el Coaching?

Responder a una pregunta como ésa, es similar a responder a la pregunta de sí ¿funciona una dieta? La respuesta se desprende forzosamente que funcionará para quien desee mantener una dieta y desarrolle una disciplina para la misma. De forma análoga el Coaching sólo funciona dependiendo del grado de compromiso que asuma la persona para alcanzar el propósito del Coaching que no es sino el de conectar a cada persona con su caudal de capacidad y potencialidad, y por supuesto, para inmediatamente poder usarlo.

 

Sabemos que el Coaching es una conversación fecunda con alguien que puede movilizar el interior de la persona, bajo todas esas capas de temores, dudas, ideas distorsionadas, hábitos, emociones, que solemos almacenar a lo largo de nuestra existencia. Sí usted logra encontrar un Coach que pueda “sacudir” ese interior, de forma que se desmoronen tantos condicionamientos que limitan su identidad, usted podría recuperar su naturaleza y en ella encontrar su camino y de esta forma evitar andar por veredas y surcos que sólo prolongan la fatiga y la llegada al sitio al que debemos arribar.

 

El criterio a considerar sobre la efectividad del Coaching radica en la capacidad de la persona de transformar su vida. Por supuesto que no esperamos cambios radicales ni sustanciales en breve, aunque la meta a seguir es alcanzar sí aquellos cambios que permita a la persona hacer frente a su vida de forma digna y coherente, y en esta condición facilite accesar a todo un potencial que podría sorprenderle al mismo involucrado.

 

El proceso de Coaching es uno extremadamente dinámico en donde las sensaciones juegan un papel determinante y de las cuáles se obtiene información fundamental para dilucidar frenos, obstáculos, condicionamientos y situaciones mejorables, perfectibles, es decir, aquello que puedo transformar positivamente desde mi realidad actual limitada.

 

Es gratificante cuando se observa a una persona rencontrándose y redescubriéndose a sí misma y disfrutando esa sensación de epifanía en la que logra visualizar un escenario mucho más realizable en clara consonancia con sus guiones más profundos, aquellos que parecían desvanecidos pero simplemente sólo estaban a la espera de una oportunidad para ser reactivados y utilizados a través de acciones en verdad productivas.

 

Un concepto inherente de tener una vida saludable es ser altamente productivos, capaces de concretar resultados. No se trata de deseos, si no que logros específicos en donde se manifiesta la “salud” de la persona. Ahora bien, para hacer viables dichos resultados  concentramos la mayor parte de nuestras energías en acciones. No obstante, el factor clave de lograr mejores resultados no se concentra ni siquiera en dichas acciones, aunque éstas estén cargadas de adrenalina. Este factor clave es el SER. Mientras usted no profundice en él, pregúntese sí está enfocando en verdad sus energías en consecución de los resultados de calidad que desea para su vida. Posiblemente se le desplomen todos sus esquemas preconcebidos de lo que debe ser su “vida”; sin duda será mejor eso que vivir algo que no es lo suyo.

 

Sí la lectura anterior ha sido capaz de hacerle reflexionar y cuestionar sobre usted mismo/a y los caminos que recorre por ahora, es un elemento más para considerar que en efecto, el proceso de acompañamiento puede ser útil y funcional. Resistirse o rechazar al Coaching es una opción y una decisión en donde se descartó toda posibilidad en su eficacia, pero aceptarlo en una posibilidad de incursionar a una experiencia de encuentro personal inefable.

 

El viaje más largo comienza con un primer paso” - Proverbio chino

Los que dicen que es imposible no deberían interrumpir a los que lo están haciendo” – Thomas Edison


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Miércoles, 26 de Septiembre de 2012 16:50

Los Temores y Ansiedades que Bloquean al Ser Humano

El temor y la ansiedad son dos acompañantes indeseables y permanentes del ser humano. Consciente o no, llevamos atados esos sentimientos negativos que suelen aparecer de forma recurrente en nuestras vidas y limitarnos a una serie de oportunidades, en tanto ocupamos energías vitales para sobrellevarlos cuando la misma energía podría ser un caudal de potencia para alcanzar objetivos trascendentes y fundamentales en nuestras vidas y sus diferentes escenarios, tanto a nivel personal, familiar, laboral, social. Desafortunadamente el patrón adquirido básico es reaccionar atemorizados o perturbados frente diversos estímulos que nos sobresaltan o paralizan.

 

Cuando nos referimos al temor estamos frente a una emoción de reacción y excitación para escapar de algo específico, lo cual percibimos como amenaza, ya sea real o imaginaria. Un temor frente a un peligro real resulta útil para la sobrevivencia, no obstante, un hábito de reaccionar con temor constantemente afecta la sobrevivencia misma. Algunos temores pueden ser: al fracaso, a las pérdidas, al castigo, a la soledad.

 

La ansiedad por otro lado, es una emoción de intranquilidad, nerviosismo o angustia hacia algo que no logramos definir con precisión pero que se torna igualmente amenazante como el temor, con potencial daño a la integridad de la persona. Una mañana se despierta con una sensación de agobio y conmoción sin poder determinar qué es lo que la provoca, mientras el día puede transcurrir con esa sensación sin poder hacer mucho para eliminarla.

 

Un patrón constante de estas emociones obviamente obstaculizan el funcionamiento normal y limitan sobre todo, el rendimiento óptimo en las personas que las experimentan. El propósito de nuestro ser deja de ser vivir con plenitud, y se transforma en defenderse infructuosamente de dichos temores y ansiedades. Es así como las energías y emociones positivas de creatividad, satisfacción, entusiasmo, alegría, quedan como episodios aislados que no impactan nuestra calidad de vida.

 

No se pretende ser inconmovible frente a condiciones de daño potencial pero si de manejar la reacción y la actuación.

 

El elemento determinante para superar temores y ansiedades es enfrentarlos, es decir, darnos a la tarea de definir qué sentimientos precisos experimentamos, hacer la distinción entre temor y ansiedad por ejemplo, luego las posibles causas de los mismos y formular medidas y acciones para desvirtuar dichas emociones nocivas.

 

Es claro que la actividad de enfrentarlo podría parecer algo simple de realizar, aunque en la realidad es lo que menos hacemos; posiblemente por la misma sensación de temor de descubrir una verdad que por alguna razón no deseamos develar por considerar que el síntoma quizá sea mejor que la causa, lo cual actúa como un mecanismo de defensa ineficaz. Empero, la actitud de una persona responsable y con visos de madurez, es asumir el desafío de conocerse y actuar coherentemente para desarticular el andamiaje del temor y la ansiedad que no hacen si no restarle poder y satisfacción a la vida de cualquier persona.

 

La pregunta de rigor a formularse es: ¿de qué sería usted capaz de realizar si no tuviera temor? Respóndase y podría sorprenderse de las posibilidades ilimitadas que tiene en su repertorio. Luego pase de la posibilidad a la ejecución; aunque podrá parecer y será difícil de lograrlo, sí podrá hacerlo.

 

"La ansiedad es un arroyito de temor que corre por la mente. Si se le alimenta puede convertirse en un torrente que arrastrará todos nuestros pensamientos."  - A. Roche 

 

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Noticias recientes hacen ver que en España, la mitad de los jóvenes sujetos a trabajar se encuentran desempleados. Las noticias no son mejores en otras latitudes, pareciera una partitura más de la misma sinfonía dedicada al trágico escenario de la falta de empleo a nivel mundial.


En dicho escenario prosigue la reducción de personal en diferentes empresas, algunas por prevención y otras por efecto real de recesión. Una sana y responsable práctica sería que las empresas expusieran al personal que retiran a un Programa de Outplacement o Transición de Carrera, donde se les provea de las herramientas básicas para una menos traumática reincorporación al mercado laboral.


Obviamente en El Salvador las condiciones tampoco son felices, sin descuidar los pronósticos del ínfimo crecimiento económico del país para este año 2012. Supongo que de encontrarnos en la antigua Grecia, ya la mayoría habríamos deseado visitar el oráculo de Delfos, a fin de aliviar nuestras inquietudes sobre nuestro futuro laboral. No hace falta oráculo alguno pero sí debemos comenzar a dar pasos consistentes y firmes en dirección de construir un futuro enfocado a crear mejores condiciones para la obtención de un empleo.


Es realmente conmovedor observar a las personas en búsqueda de oportunidades laborales, es una escena que desgarra en el interior al presenciar como muchos pisan un pantano movedizo e intentan tocar tierra firme para no sucumbir a las profundidades que implicaría permanecer sin empleo y por consiguiente, sin ingresos. Muchas personas terminan gastando sus energías vitales en moverse infructuosamente en medio de ese pantano con resultados negativos y cada vez sumergiéndose más, precisamente lo que desean evitar. Enfoquemos esas energías en acciones que nos aparten de las turbulencias movedizas y nos acerquen a la orilla. Lamentarse, resentirse, deprimirse, solo son movimientos en dirección a hundirse más. Reanimarse, enfocarse y actuar son movimientos en dirección de tocar tierra sólida.


En función de lo anterior, existen variadas formas de sobreponerse a esta experiencia de desempleo, considere a continuación alguna de ellas:


1. Habrá que iniciar con una mentalidad positiva y receptiva ante las condiciones imperantes, a su vez generar un marco conceptual técnico que nos ayude a interpretar y traducir las señales del entorno y de esta forma darle un cause "objetivo" a los fenómenos que vivimos. Un enfoque estratégico podría ser de ayuda; en el fondo lo que pretenderemos es aquilatar los pesos de los acontecimientos y sus tendencias, en función de ello generar una estrategia que altere favorablemente el ambiente. Por mencionar algo: ¿qué sectores son los más productivos en medio de la crisis?, ¿cuáles son las áreas más requeridas para contratación?


2. De este análisis se podría considerar como opción la de crear su propia empresa, lo que puede resultar alentador en cuanto posea los recursos necesarios para ello. Algunos son suministrados por organismos y entidades dedicadas a este fin. Es decir, volverse "Emprendedor". Pero no olvide que el principal recurso es su creatividad, la capacidad de crear e innovar con los recursos que posea. Varias ideas sobre un negocio potencial deberían estar a la mano, apoyándose con un plan de negocios que pueda indicarle la viabilidad de la idea que considere más fructífera en el futuro.


3. Al realizar con diligencia la búsqueda de trabajo también que sea búsqueda de conocimientos, es decir, capacítese. Encuentre actividades de formación donde adquiera algunas competencias apetecibles, que responda a las necesidades del entorno y que pudo dilucidar en el análisis estratégico previo. Es muy factible que la adquisición de nuevas habilidades le hagan un prospecto más atractivo al mercado laboral. Mientras más conocimientos y habilidades demuestre mayor serán las probabilidades de reincorporarse. Impresiónese usted mismo con las nuevas formas de hacer las cosas y despliéguelas en sus conversaciones.


4. Genere una red de contactos productivos. Retome sus contactos pasados e increméntelos con nuevos. Identifique fuentes y medios para hacer de sus contactos, conexiones respetuosas y profesionales, donde usted pueda ser una opción de productividad para dichos contactos. No olvide, no se compra lo que no se promueve, pero hágalo con elegancia y seriedad profesional. Genere un estándar propio de desempeño desde sus acercamientos y sosténgalos en sus futuros desempeños.


"La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer." Bertolt Brecht


"Una persona predestinada es la que construye un sólido edificio, con los ladrillos que le van tirando los que quieren voltearlo" David Brinkley

 

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Lunes, 18 de Junio de 2012 17:39

Valores para Contrarrestar Cualquier Crisis

El panorama continúa siendo desalentador. Oficializado está, para las personas con sentido común, que la llamada “crisis” es ahora lo que condiciona el comportamiento humano. Desafortunadamente el estilo de vida superficial que nos evidenció la crisis ha sido legitimado al grado que lejos de buscar soluciones realistas nos concentramos en esperar “buenas noticias”  de alguien que encontró la clave para salir de este desolador escenario, o bien, que todo tome su reacomodo eventualmente. Es muy posible que ninguna ocurra pero lo que ya sí ocurrió es el daño profundo infringido en las conductas de la mayoría de personas que se vieron afectadas por este fenómeno mundial. Cada sensación ha llevado su propio ritmo de acumulación y podría haberse derivado en obstaculizadores de una vida digna de ser vivida. Es decir, por ahora las personas no levantan el rostro aún. Y ya que precisamente se trata de un daño profundo habrá que buscar un cambio profundo.

 

Después de todo la sonada crisis que experimentamos, sólo develó la realidad de siempre: damos culto idolatra a las posesiones y el mundo parece desquebrajarse ante la imposibilidad de proseguir con un estilo de vida consumista y ostentoso.

 

Las mejores y profundas respuestas frente a las adversidades permanentes nos vienen dadas al hacer uso de recursos inagotables pero que seguramente descuidamos y hasta olvidamos. Nuestros valores de vida podrán resultar ser el resorte activador de todo nuestro mecanismo interior para contrarrestar el daño causado de crisis tras crisis. Dese a la tarea de definir cuáles son aquellos valores fundamentales que le nutren. Posiblemente será una tarea difícil de realizar, considerando que los antivalores que hemos ido interiorizando soterraron los valores esenciales. Pero lo cierto es que dichos antivalores, como el estatus, riqueza, posesiones, imagen, se están desvaneciendo y eso le permitirá reconocer lo que está a la base, y en caso aún persisten encárguese de desbaratarlos de una vez. Sólo así podrá hacer revisión y encuentro de lo que en verdad es valioso para usted, aquello inconmovible así sucumba el planeta.

 

Existen conceptualizaciones y dimensiones diversas de lo que son los valores, como el amor, la sabiduría, la solidaridad, la amistad, la valentía, el trabajo, el conocimiento, la familia; cualquiera que fuese, el factor determinante es que dichos valores vitalizan, proyectan y me llevan a la acción, buscando y proponiendo soluciones ante cada problemática. Podré carecer de trabajo pero no careceré de conocimiento o de creatividad y estos valores pueden ser utilizados para explorar y concretar otras opciones para hacerme de un trabajo; es así como funciona. Como mencioné antes, sí estamos esperando un golpe de suerte para que todo cambie, pues tendremos que esperar por siempre, cuando tenemos la oportunidad perfecta para cambiar realmente nosotros en nuestras percepciones de la vida, la cual si no hubiese sido por la crisis, seguiría siendo miope, fragmentada y superficial.

 

La crisis pone de manifiesto el rompimiento e insostenibilidad de un orden que no tiene razón ya de ser pero su identidad personal en absoluto está en juego, sino los comportamientos, decisiones que se tomaron mientras prevalecía el orden anterior; no así la su riqueza interior, su propia arquitectura emocional, mental y hasta espiritual. Retome la valía interior, sustentada en sus valores, examínelos, ¿cuáles son éstos?, saboréelos y sobre todo, úselos. De esta forma podrá observar una mejor vida y no una vida limitada más. Usted podrá echar mano de sus propios recursos, ya no a la espera que un político o un economista descifre la clave de la fórmula que se conceptualizó desde su inicio, como un fracaso. Es así que cuando usted retome el curso natural de su vida, lejos de libretos artificiales, podrá enfrentarse continuamente a cada síntoma de la crisis, ésta o cualquier otra, pero con fortaleza interior, con potencia capaz de crear un estado de cosas para su realización y la de quienes se construyen a su lado.

 

“Lo que quiere el sabio, lo busca en sí mismo; el vulgo, lo busca en los demás”.- Confucio (551 AC - 478 AC).

“El saber es la única propiedad que no puede perderse”- Bias de Priene (siglo VI a.C.-?) Uno de los siete sabios de Grecia.

 

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Lunes, 16 de Abril de 2012 11:52

Liderazgo Personal: del Sueño a la Acción

La ensoñación y fascinación del concepto LIDERAZGO, continúa despertando demasiadas expectativas que normalmente se convierte en un término atractivo de conversación pero pocas veces de realización. Es decir, podríamos pasar horas enteras debatiendo sobre el trasfondo del liderazgo y sus manifestaciones, sin que se concrete una transformación de los involucrados en un verdadero liderazgo en sus vidas.

 

Es  un tema que despierta pasiones superficiales y paradójicamente no logra apasionar profundamente a los oyentes o lectores a iniciar y mantener un cambio de su liderazgo personal. Sin duda, es mucho más entretenido y divertido elucubrar que actuar. Actuar implica hacerse cargo de uno mismo y eso deja de ser divertido para muchos.

 

Pese a todo, lo rescatable de este fenómeno social, grupal e individual es que existe un público al cual se le puede motivar a que pase de las tertulias sobre el tema de liderazgo a que se vuelvan protagonistas con sus acciones de un liderazgo genuino que provoque el interés en los demás y genere no sólo más análisis del tema, si no y sobre todo, una dinámica estimuladora de cambios.

 

Ahora bien, a ¿qué se debe que nos concentremos en la teoría y no en la práctica del liderazgo?  Una de las razones para ello es que abordamos el tema como espectadores y no como actores. Para ser actores reales, un factor clave del liderazgo es la autoconciencia; antes de deleitarnos con la sensación vana y del atractivo de ser líder estamos obligados a generar dicha autoconciencia, es decir, tomar conciencia de cómo me veo y cómo actúo desde el papel de un líder de mi propia vida: ¿quién soy yo?, ¿me conozco lo suficiente para definir mis principales virtudes que me harían un líder efectivo? ¿soy líder?, ¿qué me limita?, ¿cómo podría mejorar mi liderazgo?, ¿qué me define como líder?, etc., etc. El límite de estas preguntas es lograr el conocimiento de sí mismo, por tanto, no hay final de las mismas.

 

Frecuentemente este factor clave de autoconciencia de mi vida y del liderazgo de mi vida,  se sacrifica, se descuida y se relega, por tanto la base del auténtico liderazgo no suele trabajarse y nos concentramos en aspectos exteriores como conocimiento, apariencia, tono, autoridad, entre otros. Nos enfocamos normalmente, en cierto grado de conciencia del liderazgo proselitista y ególatra, evitando asumir responsablemente el análisis de mi propio liderazgo. Pasemos de observar el exterior a observar el interior. El exterior nos dará elementos para enriquecer el interior, pero el campo de acción está en la inmediatez de mí ser.

 

Incursionar en la autoconciencia implica no sólo observarse, analizarse y concluirse; implica sobre todo, conocerse a tal grado que soy capaz de determinar en concreto qué áreas limitan la adquisición de mi liderazgo personal. Y más aún, implica que soy capaz de motivarme a iniciar el proceso continuo de cambio para asumir el control de mi vida.

 

Considere los siguientes elementos para determinar cuáles pueden ser factores relevantes de esa autoconciencia que contribuirá a la adquisición de su liderazgo personal.

 

  1. Proactividad: asuma la responsabilidad plena de su vida, evitando victimizarse de las condiciones y circunstancias externas. Defina compromisos superiores y asúmalos con firmeza y determinismo.
  2. Personalidad: establezca cuáles son sus principales rasgos de conducta que lo definen mejor y que apoyan los compromisos adquiridos. Haga uso de su poder de personalidad.
  3. Valores: defina qué es lo más importante en su vida, desde su interior no desde los formateos clásicos de un sistema amañado de antivalores. Rescate desde lo más profundo de su pozo personal, los principios que dan luz a su vida.
  4. Energía emocional: utilizar el poder de las emociones como fuente de energía y conexión con los demás le será fundamental para que su liderazgo resulte efectivo. Una emoción potente y positiva es un mecanismo imbatible de crecimiento personal y grupal.

 

Ahora como podrá observar, su liderazgo personal está en sus manos, habrá que decir adiós a las pretensiones que podemos ser “ungidos” por algún tipo de filosofía, método o artilugio. La única forma confiable de adquirir su liderazgo personal radica en la decisión que tome de responsabilizarse y comprometerse con los pilares de su vida.

 

"La magnitud de un líder está dada por la profundidad de sus convicciones, el grado de sus ambiciones, el ángulo de su visión y el alcance de su amor" -- Doss Nathan Jackson

 

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Lunes, 09 de Abril de 2012 14:59

Superando Los Conflictos

Tomando en cuenta que vivimos épocas conflictivas y difíciles de manejar, lo que menos desearíamos es aumentar los conflictos en nuestras ya cargadas existencias.  Por lo mismo será de utilidad adentrarnos en el conocimiento de lo que son los conflictos y una mejor manera de enfrentarlos y resolverlos.

 

Las constantes y numerosas relaciones entre personas, nos lleva a la inevitable realidad que estamos expuestos a vivir episodios de desacuerdos que muchas veces se traducen en conflictos abiertos y difíciles de llevar. Es de recordar que cada personalidad es compleja y en esa complejidad puede suscitarse las diferencias de rigor ante ideas, valores, recursos y otros elementos.

 

Precisamente el conflicto aflora cuando al menos de una de las partes en una relación percibe, justificadamente o no, que alguno de sus intereses está siendo amenazado y de allí que se despliegue un comportamiento defensivo que pretenda evitar dicha situación de afectación. Piense usted en una reunión importante de gerencia y alguien contradice abiertamente su opinión, lo cual puede percibirlo que invade su autoridad, afectando aparentemente su autoimagen, sus valores de éxito y hasta sus recursos organizacionales en el futuro en caso menoscabe dicha autoridad.

 

Desafortunadamente es lo que hacemos, instalar todo un dispositivo de ataque para aplacar las amenazas que percibimos, incluso aunque las mismas solo resultan imaginarias. Este comportamiento hostil y agresivo puede a su vez provocar una reacción defensiva en la otra u otras personas, que posiblemente no pretendían afectarnos. En este ambiente, ya no se trata de definir sí el conflicto era o no justificado, si no que estamos en un claro escenario disociado, antagónico, propensos a separarnos cada vez más conforme avance el conflicto.

 

Independientemente que el conflicto sea real o aparente, lo conveniente será abordarlo de forma efectiva, a menos que desee mantener un constante deterioro de sus relaciones interpersonales. Al hacerlo de manera efectiva, las personas deben asumir un papel activo en cuanto a generar un proceso de comunicación franco, abierto, amplio y sobre todo respetuoso. Desarrollar la capacidad de empatía en este contexto resultará vital a fin de conseguir resultados satisfactorios. Con la empatía tendremos la oportunidad de “caminar un trecho por el camino del/a otro/a” y de esta forma enterarnos de su percepción respecto a la situación que ha provocado el desacuerdo o bien el conflicto. El fin último es lograr un clima de confianza en el que podamos conversar ensanchando todas las opciones que conlleven a la aclaración de malas percepciones o bien la resolución de verdaderos conflictos.

 

Pareciera sencilla la fórmula pero la misma carece de eficacia cuando no hemos desarrollado esa capacidad de adentrarnos con verdadero culto al espacio de los demás; cualquier intento cosmético de pretender entender a los demás puede convertirse en un elemento de mayor disociación y predisposición de no saberse manejar hábilmente. Sin olvidarse que aunque logremos un buen acercamiento inicialmente, no será fructífero sí el mismo no se sostiene con una continuidad en los hechos cotidianos, sustentada siempre en ese respeto genuino hacia los demás actores.

 

A continuación algunos pasos fundamentales para lograr a través de la empatía un proceso de resolución de conflictos.

 

  1. Elimine toda predisposición o emoción negativa. Revistase de respeto y deseos de acercarse. En ocasiones el acercamiento tendrá que ser gradual.
  2. Escuche con atención lo que la otra persona desea exponer. Pregunte con interés.
  3. Valore los sentimientos evidentes o subyacentes de quien expone.
  4. Exponga su percepción evitando juicios.
  5. Reafirme su deseo de resolver la situación e identifique posibles soluciones.

 

El factor decisivo para una resolución de un conflicto en la capacidad permanente que posean las personas involucradas en desarrollar los pasos anteriores y otros que faciliten los mismos. Requiere de profundización y práctica, y muchas veces, de guía. No obstante usted podrá iniciar algunos acercamientos con las ideas propuestas con el propósito de generar mejores ambientes de entendimiento que contribuyan a superar obstáculos provocados por los conflictos.

 

“Generalmente ganamos la confianza de aquellos en quienes ponemos la nuestra” – Tito Livio

 

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Martes, 20 de Marzo de 2012 13:02

La Manía de Arrastrar Nuestras Zonas de Confort

Conforme avanzamos en nuestras vidas vamos acumulando experiencias a granel, muchas de ellas exitosas y otras cuestionables pero siempre son elementos de conformación de nuestros perfiles personales. Ambos tipos de experiencia nos llevan a un promedio de vida en el cual nos manejamos normalmente. Lo curioso es que el ser humano aunque se encuentra afanado en la búsqueda constante del éxito, la “tierra prometida” o del sueño “americano”, suele caer en un letargo nocivo que no siempre se percibe pero que se realiza en cada momento en que nos conformamos y acomodamos frente a un proceso exterior que sigue su propia dinámica y que riñe con esa comodidad. Hablamos entonces que nos vemos inmersos en una actitud de permanente desidia que se alimenta de una zona de confort tan amplia que absorbe a la vida misma. Es donde apacentamos nuestras vulnerabilidades legitimando un estilo de vida mediocre y poco autoexigente, conformándonos con hacer lo ya hecho y no aportar algo mejor y mayor para nuestras vidas y la de los demás.

 

Pese a percatarnos, por diferentes señales, que nos encontramos inmersos en la zona de confort, resulta titánico cambiar esa postura de vida y lejos de distanciarnos de ella, pareciera que nos enfrascamos en una actitud pasiva de aceptación y resignación, que nutre la misma zona de confort y es así como ésta expande su poderío.

 

Lo cierto es que aunque la persona se entere que se encuentra en una zona de confort no suele actuar en su contra; casi de manera contemplativa determina su perjuicio y de igual forma le otorga una legitimidad, superior a sus anhelos de transformación, que anula todo intento de cambio.

 

Pero ¿por qué nos vemos paralizados ante el desafío de desarticular nuestras zonas de confort aún conscientes de sus perjuicios? Aquí algunas razones:

  1. El hábito. Sin habernos percatado llega un momento en que nuestra acomodación es tal que se ha convertido en un patrón habitual de ser, casi intrínseco a nuestra personalidad, e incluso con cierto grado de orgullo infantil hasta nos definimos de uno u otro rasgo personal que justifique la conformidad en la que nos encontramos. Después de muchos años con un patrón establecido lejos se estará de cambiarlo con facilidad. El hábito nos atrapa en una circulo vicioso tan ruin que nos parece lo más razonable el tipo de vida que llevamos, pese a los resultados endebles que demostramos en el día a día. Su poder es tal que aunque iniciemos una acción para cambiar nuestro estado actual, se impone la repetición de lo que hemos sido hasta ese momento.
  2. La fatiga. El conocido dicho “la fatiga vuelve cobarde a cualquiera” acá encuentra buena aplicación. Pues bien, las personas llevamos largos procesos de luchas personales ante un medio voraz, impredecible y demandante; las consecuencias normalmente son agotamientos crónicos que no nos permiten actuar con vigor y valentía. Producto de esa constante batalla de vida, obtenemos personalidades débiles y vulnerables, que ocupa sus pocas energías para sobrevivir el día a día y sus afanes, sin contar con reservas para enfrentar una desafío mayor como el de salir de nuestras zonas de confort.  Para llevar a cabo un cambio genuino se requiere de energía, voluntad y ambas no pueden encontrarse en un cuerpo y una mente fatigada de una vida insulsa.
  3. Falta de carácter, compréndase como la falta de dominio personal en el cual la persona define una meta y se compromete a cumplirla. Acá de nuevo hace efecto el hábito y la fatiga, ¿qué puede esperarse de motivación personal si estamos atados con esos dos condicionamientos férreos?, cuya desarticulación requiere precisamente de una voluntad mucho mayor que dichos condicionamientos. Precisa, por tanto, un acto de trascendencia y consecuencia, donde la decisión de cambio supere las aparentes amarras del hábito y el agotamiento, bajo la convicción consistente que dicho cambio generara reales beneficio de vida.

 

El principal problema de la zona de comodidad es que la misma genera su propia dinámica involutiva acarreando niveles cada vez más inferiores de vida que le restan la dimensión autentica de realización humana de la vida de la persona.

 

Resolver acabar con ello es un imperativo que deberíamos proponernos como empresas y como personas, generando las condiciones que gradual y sistemáticamente nos vayan evacuando de esa zona de desperdicio. La resistencia se hará sentir, sin duda alguna, no obstante debemos mantenernos firmes en una clara convicción: que la comodidad es antinatural para el crecimiento humano y que sólo un esfuerzo constante nos hará superarlo, lo cual si es lo natural en un ser que evoluciona. Es el concepto crítico a recordar para desmantelar la tienda de campaña que nos abriga y da sombra para construir una verdadera edificación sólida que nos albergará permanentemente contra las inclemencias de la vida.

 

“Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá” – Harold Macmillan

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Miércoles, 14 de Marzo de 2012 12:54

Más allá de la Muerte...¿Qué?

Sí el lector se motivó a iniciar la lectura de este artículo, considerando que encontraría una idea o respuesta posible de lo que habrá después de la muerte, lamento decepcionarle, ya que no es el fin abordar teoremas espirituales, religiosos u ocultos, y menos hacer una apología de creencias de la vida después de la muerte, aunque las mismas resulten respetables. Sin embargo, el fin sí es exponer un punto de vista constructivo para darle un enfoque efectivo ahora mismo a un hecho tan real e inexorable como la muerte.

 

La especulación permanente, en silencio o a viva voz: ¿qué nos depara al concluir nuestros días en esta vida? y la respuesta a esta inquietud y duda razonable se podrán manifestar en diversas opciones de acuerdo al sistema de creencias de las personas. Como mencioné al inicio, no es el propósito desvirtuar las respuestas que se han dado desde diversas estructuras de pensamientos a este planteamiento, en todo caso, reafirmar dichos planteamientos desde un factor real y visible para que esos planteamientos tengan sustento.

 

Lo cierto que independientemente de nuestro sistema de creencias de la vida y la muerte, basado en ideas metafísicas, espirituales, teológicas o simplemente seculares, existe una realidad que condiciona todo el sentido de la muerte y de la interrogante ¿qué hay más allá de ella?  Preocuparnos, después de la muerte, de posibles escenarios que no tenemos, ¿qué caso tiene si el actual escenario que si tenemos, que es la vida, no lo ejercemos como debe ser? ¿Para qué esperar vivir una “nueva vida” si la actual vida parece que transcurre sin vivirla?

 

De lo anterior, se desprende bajo una lógica básica, que debemos enfocarnos a vivir la vida con una clara conciencia que la misma conlleva una serie de desafíos y oportunidades que nos presenta el panorama perfecto para desplegar nuestra esencia personal. El proceso de la vida implica la inmersión en diferentes etapas que nos permite el crecimiento permanente, suficiente esfuerzo para dejar un legado después de la muerte, y darle sentido a la muerte misma.

 

Ahora bien, sí usted desea darle un contexto desde posibles ambientaciones como resurrección, paraíso, inmortalidad, o bien, reencarnación hasta llegar a la perfección, proceda en vida desde su elección. De tal forma que sí pretende considerar una resurrección habrá que responder necesariamente qué tipo de vida lleva ahora, si pretende considerar una reencarnación, de igual forma tendrá que considerar qué calidad de vida lleva en estos momentos. Otra opción es que simplemente no espere nada después de su partida física.  Pero un hecho irrefutable es que, ajeno a cualquier opción espiritual y secular, lo que se encuentre después de la muerte de alguien, es lo que ese alguien deje en su vida, es decir, la huella distintiva que evidencie su estadía y protagonismo en vida.  Por tanto, más allá de esa muerte, de nuevo, está lo que usted haya realizado más allá de su aparente existencia, convirtiéndola en una verdadera vida con acciones capaces de transformar la realidad que encontró, en una mejor realidad. Iniciando por su propia realidad personal, el de ese proceso de crecimiento continuo, de sus creencias, sus normas, sus valores y por consecuencia sus acciones. Luego la realidad de este mundo, plagado de condiciones imperfectas para que podamos ser arquitectos de una mejor realidad y de mayor bienestar.

 

Y ¿cómo podría eso coincidir desde las creencias espirituales? Pues bien, sí busca un paraíso, constrúyalo desde este preciso momento,  creando las condiciones para que su vida se maraville de su campos cultivados de perfección humana, sí desea una resurrección, ejércela ahora mismo, muriendo a su ser inferior y resucitando a su excelencia personal, sí desea una reencarnación a un nivel superior, reencarne ahora mismo en ese ser superior al que está llamado ser.

 

El punto fundamental radica en hacer de su vida una experiencia excepcional en la que pueda reafirmar sus creencias haciendo ahora lo que cree que puede ocurrir después. Podrá proyectarse más allá en función de lo que demuestre en el más acá.

 

El triunfo de la muerte radica en el fracaso de la vida y de decidir vivir con sentido, coherencia y vitalidad, estaremos mostrando que esta vida no puede destinarse al fracaso y cada acción de vida positiva conlleva una consecución posterior a la muerte, haciendo de este modo que la muerte pierda su aparente poder.

 

“Así como el ignorante está muerto antes de morir, así el hombre de talento vive aún después de muerto” – Publio Siro

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Viernes, 17 de Febrero de 2012 12:21

Las Hijas de La Ignorancia y sus Tiranías

Pareciera un término ofensivo al mencionar la palabra ignorancia, lejos de ello, es más bien un concepto ilustrativo que nos ayuda a efectuar algunos cambios en nuestras vidas. Iniciaremos por definir el concepto de ignorancia, el cual proviene del latín “in, no, y gnarus, conocer”. La ignorancia es falta de conocimiento o información sobre una cosa en un ser capaz de conocer.

 

Las personas con falta de conocimiento están expuestas a una serie de comportamientos que llamaremos sus hijas. Pero antes de abordarlas reconozcamos algunas áreas donde prevalece la ignorancia.

 

La vida propia. El desconocimiento de sí mismo/a es una situación muy marcada en nuestra sociedad. Fundamentalmente se trata de ignorar quién soy y para qué he sido constituido en esta vida. Las personas solemos describirnos bajo conceptos simplistas, románticos y hasta alejados de la realidad. No es extraño que muchas personas se auto describan como responsables cuando los hechos evidencian lo contrario. ¿De dónde se deriva esta situación? Pues precisamente de falta de conocimiento personal. Al desconocer mis propias características individuales y sobre todo, potencialidades, limito considerablemente mi plena capacidad de vida. Sería de utilidad algún tipo de ayuda profesional para este fin, no obstante, el autoanálisis, la introspección, la lectura, las conversaciones profundas contribuyen a la reflexión y reconocimiento individual.

 

La vida de los demás. No actuamos en solitario, somos una real red de conexiones y el desconocimiento de los demás es una clara fuente de obstáculos para una vida superior. El no reconocer, primero que somos una red en movimiento constante y luego ignorar quiénes son, en su verdadera dimensión, los que componen dicha red es lo que llamamos ignorancia de la vida de los demás. Resulta normal que haya un desinterés por los demás lo que implica subestimar la información necesaria de sus identidades y sus requerimientos. Sin el recurso de los demás, el trayecto se limita; convendrá volver ágil y dinámica la relación con estos protagonistas de la vida que complementa y enriquece mi protagonismo.

 

La vida misma. En clara alusión de desconocer cómo funciona esta vida, sus componentes básicos como la realidad de nuestro mundo, su historia, sus actores, sus problemáticas actuales, el proceso evolutivo inherente que posee, las normas conductuales, sus valores, entre otros. Más parece que hemos reducido esta vida a una vida virtual de pequeños e insignificantes actores y acontecimientos conectados a una red tecnológica que nos distrae de las responsabilidades fundamentales de la vida real. Se desconoce que la vida misma conlleva un elevado grado de desafíos y por consiguiente, ignorarlos es mejor que afrontarlos. Al final un desperdicio ante la oportunidad de vivir.

 

El trabajo. Ignorar conceptos, técnicas, procedimientos, políticas específicas de cada gestión laboral es un factor determinante en el desarrollo de una persona, una organización y una nación. Hemos logrado muchas veces un estándar básico de desempeño, conformándonos con ejecutar acciones sin mejorarlas o innovarlas, en el mejor de los casos, y en el peor, desconociendo puntos críticos de desempeño para lograr al menos lo necesario en nuestras áreas de trabajo. A este ritmo acelerado de conocimientos en el ámbito laboral, ignorarlos, es clara alusión de desaparecer en la escena productiva.

 

Ahora podemos abordar a las hijas de la ignorancia y sus efectos perniciosos en nuestras vidas.

 

La soberbia. Tener la arrogancia de atribuirse verdades absolutas y contundentes no denota si no clara ignorancia y un mecanismo de defensa que evita asumir responsablemente el aprendizaje continuo. El conocimiento debería conllevar una elevada dosis de humildad, en tanto bien escaso que debe ser puesto al servicio de los demás. Sin embargo, las personas arrogantes pretenden evitar ser cuestionadas sobre el grado y alcance de sus conocimientos a través de una postura inflexible, sin dejar espacio para consideraciones o debates, y sobretodo, negándose la experiencia enriquecedora de actualizar la visión del mundo.

 

La apatía. Personas apáticas sobre la vida desconocen los fundamentos de la misma y se refugian en una actitud desidiosa evitando tomar responsabilidad sobre sus actos y la relación directa que tienen con otros. Falta conocimiento claro del papel protagónico que todos estamos llamados a tomar en una sociedad plagada de individualismo a ultranza y que por tanto requiere de lideres de las propias vidas y de la sociedad. Las personas apáticas desconocen el rumbo de sus vidas y se dejan arrastrar por las corrientes temporales y banales.

 

La indisciplina. En consonancia con la apatía, al desconocer mi propia capacidad y las necesidades de la vida misma a la que debo aportar, se provoca uno de los comportamientos más nocivos del ser humano: la falta de disciplina, la falta de cumplimiento de los roles fundamentales y secundarios que debemos asumir. Una actitud de relatividad del mundo prevalece y por tanto el sentido de urgencia para aportar con precisión no aflora.

 

La mediocridad. Obviamente al faltarnos información y conocimientos desconocemos factores clave que nos ayudarían a desplegar un comportamiento mucho más productivo y efectivo, como personas y como trabajadores. No es posible aportar algo mejor si no poseemos conocimientos actualizados y acordes a las exigencias de este entorno de constantes fluctuaciones.

 

La soledad. ¿Quién podría sentirse solo sí cuenta con lectura que estimule su intelecto? Sin embargo, las personas que no enriquecen su vida con información valiosa, rica en contenido de valores, principios, trascendencias, están expuestas a sentirse a la deriva frente a los acontecimientos existenciales, o bien, a sobrellevar una vida sin sentido que recae en una soledad real ya que no se puede recurrir a la propia compañía personal al carecer de recursos de vida plena.

 

Ahora, usted decide si acabar con la ignorancia o dejar que su maternidad nutra más hijas tiránicas.

“La ignorancia es la noche de la mente, pero una noche sin lunas ni estrellas” – Confucio

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