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Rubén Rivas

Rubén Rivas

Miércoles, 18 de Septiembre de 2013 08:55

La Riqueza de la Dirección por Valores

En el transcurso de los últimos 80 años han surgido diferentes enfoques de dirección, resaltando dos de ellos: la Dirección por Instrucciones, aquella relativa a orientar al personal a través de instrucciones y funciones específicas y la Dirección por Objetivos, en la que se pretende canalizar los esfuerzos del personal estableciendo objetivos o metas a alcanzar en determinados períodos. Ambos estilos tienen su utilidad de acuerdo al momento y tipo de personas, no obstante, conforme aumenta la complejidad y demandas de un mundo cada vez menos predecible se vuelve mucho más difícil dirigir ya sea transmitiendo instrucciones o bien formulando objetivos. Es en estas circunstancias donde hace su intervención un enfoque creativo y estimulante: la Dirección por Valores. Abordaremos a continuación algunos conceptos que nos permitirán reconocer las bondades de este novedoso y efectivo estilo para dirigir.

La Dirección por Valores lógicamente se sustenta en valores ya que el verdadero liderazgo es, en el fondo, un diálogo sobre valores. Desde esta perspectiva el futuro de la empresa se configura articulando valores, metáforas, símbolos y conceptos que orienten las actividades cotidianas realizadas por los empleados. Es así como se da forma humanizada al propósito estratégico básico de la empresa, que es, por supuesto, sobrevivir obteniendo los máximos beneficios económicos. De este modo se introduce la dimensión de la persona no como teoría formal sino como práctica diaria. Lo anterior implica que si se desea un rendimiento de alta calidad los factores cualitativos como confianza, honestidad, integridad, son tan importantes o más que los factores cuantitativos como la eficiencia o el retorno sobre la inversión.

Aunque lo anterior puede resultar de alguna forma atractivo, los directivos y el personal en general acostumbran a ser profesionales  “racionales” que raramente valoran en serio que el sistema de valores de su empresa sea un verdadero activo de la misma y que, por tanto, deba ser adecuadamente gestionado.  Puede pensarse que esto es debido a que tienen otras preocupaciones más acuciantes y tangibles sobre temas mucho más “razonables”, tales como la cuenta de resultados, los presupuestos, los impuestos o las nuevas tecnologías.

Pese a esta práctica común, lo cierto es que la sintonía de creencias y valores sustentados por los directivos y los empleados es una importantísima fuente de ventaja competitiva.

Quienes deseen poner en práctica la Dirección por Valores deberán de definir dos tipos de valores: Primero, los valores finales asociados con la Visión (¿Hacia dónde vamos?) y la Misión empresarial (Razón de ser o ¿Para qué?). Segundo, los valores instrumentales u operativos asociados a la forma de pensar y hacer las cosas con que la organización pretende afrontar las demandas de su entorno e integrar sus tensiones internas para alcanzar su Visión y Misión.

Algo tan simple, y a la vez tan complejo, como es la existencia de unos pocos valores verdaderamente comprendidos y compartidos por todas las personas que componen la empresa es inmensamente más potente para cohesionar y encauzar un esfuerzo de desarrollo estratégico que el más completo y engorroso libro de procedimientos. Precisamente la Dirección por Valores facilita el liderazgo para la construcción de un “deber ser” colectivo y unas “reglas del juego” para encauzar el futuro, libremente escogidas y asumidas por el personal, teniendo así un incalculable valor transformador e introductor de coherencia a todo lo largo y ancho de la empresa.

Pero ¿qué se entiende por “Valores”? Diremos que son “aprendizajes estratégicos relativamente estables en el tiempo de que una forma de actuar es mejor que su opuesta para conseguir nuestros fines”. Según este concepto, la calidad en el trabajo puede ser un valor que puede ser escogido con respecto a su opuesto, la mediocridad. O bien, la Autonomía versus dependencia, el espíritu de cooperación en equipo versus el individualismo.

Habrá que resaltar que los valores forman parte del poder del conocimiento en cuanto que orientan conductas cotidianas, integran y dan sentido a voluntades colectivas, sirven para resolver conflictos y tomar decisiones de cambio, estimulan el desarrollo y permiten tolerar la complejidad de forma mucho más creativa que otros enfoques de dirección.

Ahora bien, ¿qué sucede si una empresa no es administrada bajo un enfoque de valores? Cuando en una sociedad no existen opciones de valores claramente formuladas se dice que es una sociedad “anómica”. La “anomia organizativa” es un importante elemento explicativo de la desvitalización, la falta de cohesión colectiva y la carencia de “moral” o ganas de esforzarse observable en muchas empresas. De allí que resulte ventajoso considerar la incorporación de un programa de valores a fin de evitar dicha desvitalización organizacional.

Una aseveración que refuerza que la Dirección por Valores realmente funciona es aquella relativa a que es difícil negar que la creación de empresas y riqueza depende, en definitiva, de la existencia de valores tales como la creatividad, la iniciativa, la vitalidad, la confianza, la valentía, el riesgo, la flexibilidad o la autonomía.  Por eso mismo este modelo de Dirección plantea la necesidad de promoverlos y gestionarlos como recursos escasos que son.

En función de lo antes expuesto conviene considerar las ventajas de implantar y facilitar  una administración por valores, que legitime el poder de la dimensión humana al interior de la gestión empresarial y de cara a un mundo descarnado y demandante de ideas, soluciones, planteamientos pero ante todo de respuestas y acciones integrales.

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Muchas veces sobrellevamos nuestras vidas de forma anestesiada para nosotros mismos, casi de forma irreflexiva, enfocándonos a vivir superficialmente, por simple inercia. Es una especie de estar en un estado comatoso, donde nos nubla las apariencias y no percibimos la realidad en su plenitud, si no estímulos y respuestas. En estas condiciones carecemos de sentido, enfoque y dirección.


Precisamente llevamos una vida enroscada en un funcionamiento permanente, rutinario, simplista, inoperante, desgastado y hasta ignorante de nosotros mismos. Y aún así persistimos en él, como autómatas, sin deseos ni criterios para revisar, analizar y fundamentalmente, cambiar. Nos predestinamos a un esquema limitado, miope y estéril, que termina agrietando nuestros proyectos; básicamente porque no ampliamos nuestro foco y horizonte, desde el cual nos permitiría actuar de forma selectiva, efectiva y productiva.


Podemos y deberíamos romper este esquema disfuncional y generar un despertar. Para ello una actividad de rigor es tomar conciencia de nuestras vidas, lo cual nos permite salir de ese coma existencial. La toma de conciencia o autoconciencia conlleva un amanecer fascinante en tanto que nos enteramos de la valía y trascendencia de nuestras vidas en todas sus dimensiones. Para iniciar este ejercicio enriquecedor podemos respondernos a preguntas básicas pero cuyas respuestas encierran una sabiduría interior capaz de transformarnos; a continuación algunas de esas interrogantes esenciales:


1. ¿Me conozco realmente? Esta es una pregunta iluminadora y determinante, en tanto que las personas perseguimos caminos diversos sin conocernos con certeza. Cada quien debería analizar qué tanto se conoce y qué conoce de sí mismo. Es sorprendente cómo transcurren nuestras vidas, con años, experiencias, acontecimientos, ideas, emociones, vivencias, y no obstante todo ello, no hacemos reconocimiento y aprendizaje para detenernos y decirnos: “estoy en este momento y éste/a soy yo”. Lejos de eso, las personas crean conceptos artificiales de sí mismos sin asomarse a la verdadera esencia de sus naturalezas, y desde ese falso autoconcepto construyen sus acciones las cuales muchas veces están destinadas a fracasar, ya que no se basan en verdaderas columnas del ser si no en endebles ideas erróneas de ese ser. Y algo realmente más grave que el mismo desconocimiento es la ausencia de interés por conocerse, relegando y hasta olvidando algo fundamental para quien desea realmente progresar y superar sus patrones de vida.


2. ¿Cuáles son mis principales características personales? Adentrarse en conocerse a sí mismo, implica identificar aquellos rasgos de personalidad que mejor definen su comportamiento. Señale con precisión sus características de comportamiento: ¿es usted responsable, dinámico, introvertido, extrovertido, organizado, detallista, intuitivo, etc. etc.? Conforme usted logra definir esos rasgos distintivos, peculiares e intransferibles, entonces usted toma consciencia de quién se es y cómo se es. Esa huella digital de su carácter y personalidad le proveerá de elementos para  orientar sus energías internas en consecución de sus objetivos personales.


3. ¿Cuáles son mis principales recursos? De igual forma, debería determinar cuáles son los recursos con los que cuenta, es decir, conocimientos, habilidades, sistemas de creencias, energía, cultura, etc. También acá afloran lo que efectuamos en el apartado anterior, es decir, qué características de personalidad posee. Contar con un inventario de estos recursos nos permite evaluar proyectos y cómo podríamos abordarlos desde esos recursos. Desconocer esos recursos es similar a emprender un viaje sin contar con las herramientas básicas o necesarias para llegar a feliz término. La aventura de la vida sin identificar esos recursos personales sólo podría desembocar en una travesía incierta. Estos recursos se convierten en elementos de poder para concretar los objetivos que nos trazamos.


4.¿Cuáles son mis talentos? Debemos considerar así mismo nuestros talentos, esos dones especiales que nos hacen funcionar de forma  excelente y capaz de marcar la diferencia y dejar huella, desechando una tímida actuación para pasar a una acción decidida. Los talentos normalmente nos engrandecen y engrandecen a los que se involucran en nuestras actividades. Reconocer nuestros talentos nos obliga a utilizarlos de forma continua, evitando que se diluyan en un desconocimiento y en ese proceso perder presencia y acción por la razón de no actuar consecuentemente con nuestras facultades más potentes. Maravíllese de la multiplicidad que puede llegar a alcanzar a través de sus talentos. Pregúntese ¿en qué es bueno usted?


5. ¿Qué decisiones he tomado en mi vida y qué aprendizaje he obtenido de ellas? Las decisiones que han marcado un punto de nuestras vidas, son una clara lección para el crecimiento; preguntarse cuáles han sido éstas y sus efectos en mi desarrollo es algo crucial para capitalizar. Esas decisiones que establecen un punto de inflexión o de reflexión, haciéndonos capaces de definir rutas para ascender, retomar o bien para declinar, pero todas, al final de cuentas, son enfocadas a ser un factor de crecimiento individual. Revise qué decisiones ha tomado y desde qué marco lo hizo, eso le ayudará a determinar sus futuras decisiones de forma más coherente.


6. ¿Cuál es el sentido de mi vida? Y la pregunta de rigor sería sin rodeos ¿cuál es la razón para mi vida?, de no responderla es accidentar la vida totalmente. El sentido de la vida es como determinar cuál es la principal tarea que me ha sido encomendada y que le da brillo, realización y concreción a mi vida. Tiene que ver con la finalidad trascendente desde la cual me siento genuinamente vivo. Ese sentido le provee el ropaje necesario a cada persona para sentirse revestida, cubierta y dispuesta a lanzarse a las mayores travesías. Identificar el sentido de la vida se relaciona directamente con aclarar el trazo que debe llevar mi vida en medio de toda circunstancia, al grado que ese trazo  se realiza con robustez y firmeza a cada acto. Es una pregunta capaz de cautivar pero que bloquea el entendimiento si no se toma el tiempo para reflexionar y profundizar en la respuesta correcta.


Por supuesto que estas preguntas y otras más, se perfilarán como la clave para alcanzar el conocimiento pleno de nosotros mismos y con ello facultarnos a proseguir el trayecto de realización que todo ser humano está llamado a alcanzar. Tómese el tiempo  ahora para responderse, seguramente descubrirá que la información no será fácil de obtener pero sí  tan potente que hará que su vida en lo sucesivo se conduzca por senderos más visibles y certeros.


"A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante” – Oscar Wilde


"El hombre tiene un tirano que es la ignorancia”Víctor Hugo


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Las emociones continúan  siendo un concepto incomprendido y manoseado constantemente, fruto muchas veces del desconocimiento de sus reales dimensiones y alcances en la naturaleza humana y otras, por pretender mantener una vida con asepsia de emociones como sí éstas fueran gérmenes patógenos que nos infectan nuestro ser. Pese a ello, las emociones son una parte vital y clave en el desarrollo de toda persona. Desconectarnos de ellas constituye una alteración al funcionamiento de la estructura básica de todo individuo, sería como desactivar el mecanismo de alerta que nos permite la sobrevivencia o una mejor vivencia.


Uno de los principales obstáculos que encontramos en lo relativo a las emociones es que en lugar de conocerlas mejor, procedemos a ocultarlas o retorcerlas en sensaciones e ideas que normalmente se alejan de su verdadera connotación y significado. Las emociones suelen ser las siempre desconocidas y mal comprendidas, ganando normalmente un mayor protagonismo la razón. El culto y reverencia a los beneficios de la razón y la objetividad descarnada de “emociones”, ha hecho que distorsionemos la esencia misma de las emociones, relegándolas a un nivel terciario, casi nulo, en el marco de una supuesta vida balanceada. Las emociones lejos de ocupar un lugar privilegiado, ocupan un espacio marginal, asumiendo frecuentemente que obstaculizan el buen desenvolvimiento entre semejantes, y nada más lejos de eso.

 

Por fortuna, pese a toda una mentalidad errada sobre las emociones, éstas mantienen su dinamismo y vitalidad; independientemente de lo que pensemos, ellas se presentan silenciosas o estruendosas. No desaparecerán por el hecho que las neguemos, si no que aparecerán con una energía tal que en ocasiones nos harán detenernos para “razonar” del por qué esas emociones nos hacen sentir de una u otra forma.

 

Es claro que las dificultades atribuibles a las emociones no radican en sí mismas si no en todo caso en la manera en cómo las manejamos. De allí la importancia de formarnos para alcanzar una Inteligencia Emocional que proporcione elementos enriquecedores de nuestros momentos emotivos.

 

Al reeducarnos sobre nuestras emociones, debemos partir de la verdad incuestionable que las emociones nos conectan con contenidos fundamentales de nuestras vidas, nuestras  ideas, pensamientos, deseos, propósitos, valores, creencias. Cada reacción emocional se vincula directamente con alguno de los aspectos anteriores. Es responsabilidad de cada uno, poder profundizar en la información que se deriva de cada emoción que experimentamos y de allí podamos lanzar estrategias vitales de funcionamiento a fin de poder lograr una mejor y mayor adaptación.

 

Inteligencia Emocional implica aprender y desarrollarnos a partir de nuestras emociones, por lo cual en el fundamento de las emociones radica un contenido cognoscitivo que nos proporciona información decisiva para alcanzar un comportamiento certero. Al experimentar una emoción particular se nos presenta una oportunidad inédita, irrepetible y única de aprendizaje. Nuestra tarea debería ser detenernos momentáneamente y darnos espacio para recapitular ese momento emotivo y descifrar los contenidos subyacentes y desde ellos iniciar un proceso de transformación.

 

Inteligencia Emocional es un concepto que condiciona la esencia misma del ser humano. El factor determinante en este tema es aprender a canalizar las energías que se derivan de las emociones y utilizarlas como fuente de acción positiva que comprenda la realización de hazañas y desafíos personales. Las emociones resultan inteligentes en tanto nos hacen aprender y actuar de mejor forma frente a acontecimientos reales.

 

La información que obtengamos, analicemos y resolvamos de cada experiencia emocional nos expondrá a un escenario donde podremos tomar decisiones sobre el rumbo que daremos a esas emociones. Piense usted en algún momento de gran emoción, al grado que le sobrepasó su estado racional, por ejemplo una ira indescriptible; ante ella usted puede detenerse y preguntarse por qué está actuando de esta forma y sobre todo, sí desea continuar haciéndolo. Es acá donde usted puede aprender de sus emociones, decidiendo continuar con un ataque de enfado excesivo o bien de controlarlo. Independientemente de la decisión que tome, siempre se habrá producido un aprendizaje, en algunos casos imperceptible. En caso usted desee darle rienda suelta a su ira, el aprendizaje aunque endeble habrá sido su incapacidad de controlarse; suficiente lección para cambiar posteriormente. Un mejor aprendizaje podría ser que usted decida transformar esa energía desbordante y avasalladora en una energía menos devastadora, algo más constructivo, como enfocarse en una tarea ardua o bien tomarse la resolución del autocontrol aunque esto implique todo un proceso de apaciguamiento, serenidad y reorientación del enfado.

 

Evidentemente no podremos desarrollar nuestra capacidad emocional a un nivel superior a menos que nos propongamos iniciar una dinámica diferente para la cual se requiere invertir en un proceso educativo enfocado a comprender en cómo debe ser utilizado el poder de las emociones. De no hacerlo, estaremos expuestos a momentos fortuitos y de súbito, en los que las emociones nos sorprenderán y podría echarnos a la borda mucho de nuestros planes. Piense en este preciso momento, cómo se siente y cómo se quisiera sentirse en relación a esta decisión de vida.

 

“No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones” - Jorge Bucay

“Todo nuestro conocimiento tiene su principio en los sentimientos” - Leonardo Da Vinci

“Los sentimientos delicados que nos dan la vida yacen entumecidos en la mundanal confusión” - Goethe


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El pilar del Coaching radica en una realidad universal, la cual comprende la de todo ser humano, y ésta es, que estamos expuestos a un constante cambio, movimiento, evolución. Bajo esta consideración, no puede concebirse que una persona se mantenga estática y de hacerlo, irá en contra de la misma naturaleza, que debe ser, progreso, avance y transformación.

A partir de este concepto, el Coaching centra sus esfuerzos en activar la misma estructura interna de cambio a la que está llamada toda persona.

Remontémonos a Aristóteles, quien entendía el cambio y el movimiento como «el paso de lo que está en potencia a estar en acto»; pues precisamente esa potencia (potencial) de todo ser humano es la que se apela en cada proceso de Coaching: identificarla, activarla y aplicarla, de forma que se llegue al “acto”, y deje de ser una posibilidad a ser una realidad. Cada persona debe peguntarse: ¿cuál es mi verdadero potencial, cuál es mi verdadera capacidad, cuál es mi verdadera esencia? ¿cuál es mi poder interior real? Sin duda las respuestas en un principio resultan limitadas, considerando que no poseemos la cultura (costumbre) de hacernos estas preguntas y menos de respondérnoslas. Por fortuna, podemos echar mano del Coaching e iniciar una de las mayores y mejores prácticas humanas; cuestionarnos del sentido y camino de nuestras vidas y cómo estos pueden cambiar hasta alcanzar una dimensión de realización y plenitud.

Dos dificultades básicas presenta el Coaching y son la de identificar ese potencial y posteriormente, poderlo utilizar a través de actitudes y comportamientos poderosos y de esta forma alcanzar nuestros objetivos más trascendentes. El caso de profundizar en nuestro potencial dormido, el cual ha sido relegado, implica una inédita experiencia de conocernos en verdad, de dejar de concebirnos como seres limitados, de observar el panorama completo de nuestro ser, de dimensionar nuestro poder interior, de familiarizarnos del verdadero yo, plagado de recursos y capaz de transformar nuestras experiencias de vida en constantes logros, tan significativos que estaríamos ante la vida misma y no un asomo de ella.

¿Qué es un potencial descubierto? Es un recurso superior y fundamental que poseemos para actuar de forma distinta y mejor de cara a alguna situación particular al grado que vemos en ese comportamiento novedoso rutas para involucrarnos sustancialmente y no superficialmente. Actuar bajo comportamientos estereotipados deja de ser una opción y se convierte en una carga y que ya no lleva a nada si no a más de lo mismo y de lo cual ya esteremos hastiados. El potencial descubierto da paso a nuevos comportamientos, pero su novedad reside en el hecho de haber conectado con elementos interiores nuestros que pueden hacer de cada vivencia, una vivencia rica y más productiva.

Accesar a nuestro potencial es disponer de tesoros sin valuar en nuestras vidas. El cambio se fundamenta en movilizar estos tesoros para ocuparlos como medios facilitadores de nuestros fines.

El costo de no cambiar sin duda deberá pagarse en cualquier momento; nadie realmente puede ponderar el costo final que debemos cancelar aún si creemos que todo nos ha salido “bien”, ya que siempre gravitará la duda de cómo habría sido de haber actuado de forma distinta, utilizando nuestros mejores recursos, nuestro potencial real.

Una pregunta práctica con elevada repercusión es la siguiente: “¿estoy aportando lo mejor de mí en algún aspecto particular de mi vida: trabajo, familia, relaciones, etc.?” Sí la respuesta es negativa, estaremos confirmando que existe un potencial sin utilizar y el cual debemos identificar para desplegarlo apropiadamente.

Lo curioso que pese a responder a esta interrogante, de forma que tomamos conciencia que no estamos aportando lo mejor de cada uno/a, aun así permanecemos pasivos, como contemplando la respuesta pero sin actuar sobre ella. La fuerza del mal hábito, de la zona de comodidad y sobre todo el desconocimiento de cómo actuar, nos paraliza aunque tengamos ante nuestros ojos la invitación y la obligación para cambiar.

El extremo de no conocernos es que  incluso llegamos a dudar de nuestro potencial, viéndolo como algo ideal creyendo que carecemos de facultades superiores. Lo cierto que aunque este dormido, allí se encuentra ese caudal de capacidades esperando su oportunidad. Darse dicha oportunidad o negársela, tendrá efectos permanentes en nuestra vida; es cuestión de elegir, los efectos positivos o su contrario.

"Los hombres no son sino los instrumentos del genio del universo." - Georg Wilhelm Friedrich Hegel

“El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.” - Plutarco

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Lunes, 03 de Junio de 2013 15:07

Conviviendo con el Estrés de forma Efectiva

Conforme avanza un entorno cambiante, de súbitos movimientos, sobrevienen experiencias de adaptación y asimilación a estos cambios; experiencias que suelen estar cargadas de emociones intensas que frecuentemente generan cuadros de estrés crónicos en muchas personas. Nadie desconoce las consecuencias nocivas del estrés extremo en nuestras vidas. Entenderemos como estrés a la manifestación psicológica y fisiológica como respuesta de adaptación o defensa ante una situación que se percibe cambiante y muchas veces, amenazante, lo que nos lleva a actuar de forma muy particular.

Últimamente no es extraño encontrarnos con personas con una serie de sintomatologías asociadas al estrés, tanto físicas, psicológicas como  conductuales: hipertensión, erupciones en la piel, hiperventilación, fatiga crónica, mal humor, ira, adicciones, dificultad en concentración, dificultades para dormir, ansiedad, y podríamos seguir enumerando muchas más.  El aspecto a resaltar es que ante un estrés mal manejado habrá manifestaciones diversas a las cuales debemos prestar atención a fin de evitar un deterioro mayor en nuestra salud en general y consecuentemente en nuestro desempeño diario.

Cuando nos referimos a la condición de estrés se deben considerar dos aspectos fundamentales: las causas que lo provocan y las estrategias que utilizamos para hacer frente a estas causas.

En cuanto a las causas, sabemos que tanto en el plano personal como laboral se encuentran factores  que provocan estrés. A nivel personal podría ser desde una situación familiar sin resolver hasta dificultades de índole económico, sin descuidar las relaciones personales que entablamos. En el plano laboral podemos encontrarnos entre algunas de las causas: carga excesiva de trabajo, demandas y presiones de los jefes y clientes, falta de recursos, políticas y sistemas de trabajo cambiantes, condiciones físicas adversas. Conviene concentrarnos en el área laboral, ya que en ella se identifican con mucha facilidad y frecuencia causas que disparan un constante estrés. La razón es que nos encontramos ante un medio económico empresarial envolvente que nos exige resultados y abundancia. Las condiciones de cambios permanentes llevan a una dinámica acelerada de acciones en búsqueda de competitividad y sobrevivencia de las organizaciones. Las empresas a través de sus directivos, generan una presión tal que las metas a cumplir conllevan una cuota de sacrificios continuos de parte del personal. Nos encontramos frente a dramas diarios de vida, donde muchos no logran ver el camino para contrarrestar esta presión.

Normalmente reaccionamos ante una presión con elevado activismo, movilizándonos en varias direcciones, producto claro de las descargas hormonales, entre ellas la adrenalina liberada, como mecanismo de respuesta. Sin embargo, muchas de estas acciones no necesariamente hacen frente a las causas fundamentales que provocan estrés, lejos de eso, hasta podrían aumentar el mismo, a través de conductas repetitivas sin foco ni sentido, propiciando una espiral descendente.

Por lo anterior debemos abordar el otro aspecto: las estrategias para enfrentar las causas del estrés. Ciertamente muchas veces no podremos cambiar nuestras realidades que provocan el estrés, la economía mundial y las empresas particularmente, tienen sus propias dinámicas. La clave radicará en utilizar estrategias que nos permiten manejar satisfactoriamente ese nivel de demanda que experimentamos y es acá donde normalmente carecemos de conocimientos y habilidades para hacerlo. Precisamente las estrategias que despleguemos determinará el impacto que tenga sobre nosotros las presiones, demandas, desafíos y cambios.

Las estrategias a utilizar podrán robustecernos y ayudar a contrarrestar las causas y hasta poder manejar mayor número de exigencias conforme adquiramos destreza en su uso.

Es imperioso que si no deseásemos sucumbir ante el estrés, desarrollemos capacidades para balancear la presión al grado que podamos utilizar la energía liberada como una fuente positiva para responder creativamente y no limitadamente. Estas estrategias conllevan un aprendizaje continuo de conceptos y técnicas que favorecen pensamientos, actitudes y comportamientos que limitan que los causantes del estrés se materialicen en un cuadro nocivo en nuestras vidas. Entre las estrategias a considerar conviene utilizar un proceso de percepción más refinado que filtre las experiencias vividas, no como algo negativo si no como un cambio que bien manejado puede abonar en nuestros objetivos de vida. Lo anterior conlleva a mantener un pensamiento racional y objetivo que limite ideas y emociones perturbadoras que fundamentalmente son las que  desencadenan los ciclos de malestar personal.

Iniciar por efectuar cambios en nuestro esquema habitual de pensamientos será vital, en tanto que no podremos generar un impacto positivo ante las presiones con un enfoque derrotista y fatalista. Los cambios y las presiones ahora y en adelante se agudizarán; de allí que para evitar verlas como amenazantes las observemos y transformemos como desafiantes y como oportunidades para desarrollar nuevas capacidades.

Al evitar un pensamiento irracional, creará una mentalidad enfocada a buscar soluciones enriquecedoras cuando aparezca el rostro desfigurado del estrés, y de allí que se podrá profundizar en identificar otra serie de estrategias complementarias a la del pensamiento racional. Usted mismo/a se encargará de ampliar otras opciones que le ayuden a que la visita del estrés sea incitante y no obstaculizante.

 

"A menudo... la cárcel en la que creemos estar encerrados no lo es. Su puerta no tiene cerrojo" -Catherine Rambert.

“Abundantes beneficios esperan a quienes descubren el secreto de encontrar la oportunidad en la crisis” - Proverbio chino.

 

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Lunes, 29 de Abril de 2013 17:14

Coaching: el Diálogo que hace Pensar y Cambiar

La razón que hace que el Coaching efectivo tenga un impacto real en la persona que lo recibe, radica en que se basa en un diálogo cuya estructura fundamental se centra en la capacidad de lograr un análisis a un nivel de reflexión tal que la persona es capaz de observar la insostenibilidad de algún comportamiento para dar paso a uno nuevo, de mejores dimensiones. Es por tanto un diálogo intelectivo, emocional, reflexivo, intuitivo pero a la vez crítico, imperativo y resolutivo para provocar cambios.

Esta conversación debe crear las condiciones mínimas en el pupilo o coachee, para que logre un nivel aceptable de comodidad en dicha conversación. Debe invitarse a iniciar un proceso de autoconocimiento y autoconciencia. Inicia entonces con una invitación a explorar el propio ser y a disfrutarse en ese proceso de viaje interior que le hará llegar a destinos insospechados.

Conforme se avanza, podrá adentrarse en aquellas áreas críticas que podrían estar condicionando o limitando a la persona a mejores experiencias de vida, personales o laborales.  Este diálogo tiene su deleite entre coach y coachee, en tanto ambos inician una dinámica interactiva, plenamente participativa, en la que el coach se esfuerza por motivar al coachee a proyectar su actual esquema de vida a través de un escenario donde puede observar con mayor claridad aquellos elementos o factores que podrían obstaculizar su progreso en algún área particular. En el diálogo se recrea cada experiencia, dilucidando las condiciones actuales y las condiciones potenciales que podrían hacer de esa experiencia algo mucho más gratificante y provechoso para el pupilo. Es un enterarse de lo que es y de lo que podría ser.

Ciertamente este diálogo no resulta lineal, sencillo, ni libre de bloqueos. Precisamente, es una conversación de dos, expuesta a demasiadas variables que podrían limitar el impacto de esta charla, que se enfoca a la mejora del coachee. Uno de los principales obstáculos observables es la resistencia por parte del pupilo a aceptar que “algo” no necesariamente “anda bien”. Por mencionar, alguien podría argumentar que no tiene problemas en la relaciones interpersonales o bien, que su jefe es el responsable de no planificar sus actividades; en cualquiera de los dos casos, el coach podrá orientar el diálogo en hechos concretos que hagan observar la participación real y el consecuente protagonismo del pupilo, sin minimizar la actuación de los demás, pero enfatizando que el factor fundamental acá radica, no en lo que los otros hagan, si no en lo que el pupilo haga, al grado que al reconocerlo podrá convertirse en un actor diferente a fin de provocar hechos diferentes, tomando conciencia y responsabilidad sobre sus actos. A este momento, se deja de percibir el hecho como amenazante dando paso a una fase de indagación en la que se pueda derivar un mayor conocimiento personal de sí mismo, situación que puede resultar una verdadera oportunidad de crecimiento al identificar condiciones concretas y sobre todo, comportamientos eficaces para enfrentar estas condiciones.

Llegar al punto anterior, resulta muchas veces una hazaña: el pupilo acepta que en cada realidad tiene una participación la cual puede transformar, si así lo desea, ya sea para cambiar la situación o bien para modificar su actitud en relación a la situación. Para lograr este triunfo de reconocimiento personal habrá que haberse provocado una conversación precisa, enfocada, dirigida, alimentada y sensibilizada, al grado que el pupilo lo perciba como algo, aunque incomodo, favorable para actuar al respecto y dejar de seguir siendo una víctima de uno mismo. Se trata de un despertar de los comportamientos que le restan eficacia en su quehacer diario.

Este diálogo, gradualmente puede ir envolviendo al interesado o pupilo, en tanto asimila que permanentemente habría que cavar más a fondo para encontrar las causas ocultas pero identificables, que le hacen actuar de una u otra forma; causas que desbloquearían nuevas creencias y comportamientos. La persona lo asume como el recorrido necesario pero muchas veces pospuesto, de conocerse a uno mismo y en el cual se vislumbra y visualiza el potencial ignorado que posee para cambiar su vida. Por tanto este diálogo es un continuo recordatorio al coachee sobre la capacidad, sin utilizar, que posee para hacer de su vida algo diferente a lo que vive en ese momento y que limita su realización personal.

Como se podrá observar hemos tratado de una conversación, un diálogo constructivo y productivo, cuya premisa básica es que debe provocar un genuino interés por cambiar, el cual inició desde el momento que el pupilo permitió una actividad mental superior de pensamiento, reflexión, análisis y conclusión. De mantenerse una dinámica mental y emocional de este tipo, estaríamos dando la oportunidad a un cambio continuo de nuestras vidas, lo cual debería ser la obligación para accesar a nuestro ser superior.

“Cada día me miro en el espejo y me pregunto: "Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?". Si la respuesta es "No" durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo” - Steve Jobs

La diferencia entre un esclavo y un ciudadano es que el ciudadano puede preguntarse por su vida y cambiarla” - Alejandro Gándara

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Lunes, 08 de Abril de 2013 15:59

Aumentando la Productividad en el Trabajo

Una realidad empresarial actual, incuestionable, es la relativa a que continúan aumentando las exigencias por alcanzar mayores resultados y paradójicamente, con menos recursos. Las reducciones de personal en las empresas implican, necesariamente, reasignación y acumulación de funciones entre las personas que permanecen en la organización. Las presiones se incrementan consecuentemente y muchos colaboradores lejos de acercarse a los propósitos de superar su rendimiento, se ven acorralados en un vértigo de actividades que terminan haciendo “más” sin llegar a ningún a puerto seguro, alejándose así del logro de objetivos de mejora y no digamos, de crecimiento.

En este contexto será de utilidad fomentar un esquema de productividad empresarial, iniciando por una productividad personal. Productividad es un concepto sencillo de entender si lo delimitamos como la gestión de alcanzar una mayor producción de “algo” utilizando menos recursos. Por tanto, de fondo prevalece la eficiencia de las personas al momento de ejecutar sus actividades. Ciertamente no se logra dicha productividad si no se consideran elementos básicos para que la misma se instituya al interior de una organización.

A continuación mencionamos algunos de esos elementos:

1. Defina resultados concretos a alcanzar. Debe considerar con precisión cuáles son los objetivos a lograr, con claros criterios de medición para garantizar su realización. Es acá donde puede darse la diferencia sustantiva entre producir más o menos. La complicación radica en precisar esos resultados o metas, ya que implica formular cuánto realmente más se puede lograr. No se trata de conceptualizaciones simples, si no de verdaderos indicadores sobre lo que se pretende alcanzar en un tiempo determinado. El factor clave de la productividad es definir lo que es realmente valioso y prioritario para la empresa, de allí que requiera de un ejercicio de profundización, revisión y compromiso. Con lo anterior se estaría evitando las acciones improvisadas o desarticuladas, si no, realmente enfocadas.
2.  Formule planes de trabajo. Ahora conviene definir pasos específicos que permitan concretar los resultados puntuales que previamente se formularon. Básicamente debe detallar aquellas acciones estructuradas bajo sucesión exitosa, así como la calendarización respectiva. Transparentar los pasos le facilitará dirigirse en dirección lineal  hacia el objetivo deseado. Además deberá considerar en este momento, factores esenciales como el tiempo estimado de ejecución y los recursos económicos, materiales, de conocimiento y humanos que permitan pasar de meras intenciones a los hechos reales.
3.  Empodere al personal a fin de hacer suyos esos programas de trabajo. Ahora se requiere que las personas asignadas a las funciones asuman un papel protagónico, bajo el concepto que son responsables directos de cada acción a ejecutar y por consiguiente del objetivo propuesto a alcanzar. Empoderar implicará que dichos responsables posean el poder necesario para concretar a diario sus asignaciones. Este empoderamiento inicia en el momento que el equipo en conjunto, superior y colaboradores, formulan objetivos y planes; ya luego su materialización se facilitará recordando y estimulando la potencia interior y de equipo que se posee y que se debe utilizar. Nada aún queda garantizado con sólo contar con un mapa trazado. El poder y compromiso personal y profesional de los integrantes de la organización es aún más determinante.
4.  Desarrolle la competencia de administración efectiva del tiempo. Vital para el logro de la productividad será que las personas reconozcan en qué ocupan su tiempo diario, semanal, mensual, etc. A la vez  restablezcan el orden de las actividades, determinando aquellas que merecen principal atención de las que resultan secundarias. Este es un factor también decisivo para alcanzar una verdadera productividad, descuidarlo predice un fracaso contundente en los propósitos de alcanzar más con menos. La administración del tiempo determina la capacidad de cada persona de saber hacer lo que debe hacer en el momento oportuno. Es cuestión de criterio de oportunidad.
5.  Refuerce los conocimientos en las áreas clave de desempeño. Otro factor relevante es que los involucrados en una gestión particular, reconozcan sus áreas clave para reforzar conocimientos y que se encuentran directamente relacionadas con el éxito de la gestión. Debe haber un dominio técnico satisfactorio de tal suerte que cada quien se vuelve experto en su campo de acción. La destrezas compartidas podrán facilitar la actuación eficaz, versus un conocimiento moderado que haría que el ensayo y error prevaleciera, perdiendo tiempo en el ejercicio de dar en el blanco. Además, a mayor conocimiento mejores posibilidades de innovar. Capacitarse y perfeccionarse en programas informáticos, técnicas de comunicación, diseño de informes, proceso productivo específico, por mencionar algo, redundarían en eficientar al momento de ejecutar.
6. Provea los recursos necesarios. No pretenda mejores resultados si no provee recursos apropiados para el desempeño. Precisamente, productividad requiere de buenos y oportunos recursos para que estos mismos se transformen en resultados en beneficio de las empresas y las personas. La proporción adecuada de recursos le permitirá a los involucrados disponer de elementos esenciales para la concreción, que sin ellos, sería como pretender que alguien cruce un lago sin barca o pretender ganar la guerra sin armas.
7. Acompañe al personal estimulando logros. La productividad llega a su máxima expresión en cuanto se cuente con una figura inspiradora que esté presente desde la formulación hasta la conclusión de un proyecto particular, fundamentalmente si es un proyecto novedoso. El poder de orientar facilita el poder de realizar. No olvidemos, que los partidos se ganan con los mejores coachs.

El deber de todo hombre es tratar de alcanzar continuamente la perfección” - Mahatma Gandhi

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Miércoles, 20 de Febrero de 2013 17:19

El Mayor Fracaso de la Vida

Sin discusión alguna la vida de todo ser humano conlleva capítulos, más o menos frecuentes, pero siempre presentes, de fracaso. Sencillamente sobrevienen dichos fracasos ante la actitud del hombre y la mujer de diseñar y ejecutar planes diversos, de los cuales muchos o algunos se realizan pero otros NO. El fracaso no requiere mayor explicación que la no concreción de un logro importante para alguien, es una derrota a nuestros sueños o anhelos inmediatos y mediatos.

Desde siempre nuestros deseos y el concepto de éxito han estado presentes. Al no materializarlos, por tanto fracasamos. Existen diversos tipos de fracasos: familiares, laborales, personales, económicos, sociales. A la base de ellos encontramos los típicos afanes sin espíritu de la vida moderna. Las personas concentran exceso de energías y muchas se agotan y se rinden ante este tipo de fracaso. No obstante, sólo un fracaso conlleva una connotación fundamental, es decir, el incumplimiento del mayor de los logros que una persona debería alcanzar. ¿De qué hablamos? Sin preámbulos, nos referimos a no alcanzar el propósito supremo para el cual fuimos creados. No es nada oculto, más real no podría ser: todos fuimos creados para algo especial, diferente, único. Está intrincado en nuestra naturaleza individual.

Aclaremos lo anterior. La mayoría de los fracasos sobrevienen de conceptos de vida, estándares y valores que se nos han ido agregando en nuestro proceso de socialización, educación y formación. De allí que juzgamos el fracaso desde lo que aprendimos de una cultura compartida. Es por eso que la experiencia de fracaso se pone de relieve no necesariamente ante nuestros ojos, si no ante los ojos de los demás. No es tanto que lo perciba yo si no que el relieve mayor es que otros perciben que no alcance algo específico que es sinónimo de triunfo. Las miradas de los demás están enfocadas en mi persona y me ponen en evidencia ante ellos y en función de sus “valores” y no necesariamente en función de los míos. Allí inicia el verdadero fracaso, haber transigido y cedido a los criterios de otros sobre lo que es realmente valioso para mi vida y no haber actuado desde mi marco personal.

Por tanto el mayor fracaso radica en la incapacidad de ser quiénes somos y hacer lo que debemos hacer desde esa identidad. Resultaría lamentable, verdaderamente lamentable, sí al final de nuestros días habríamos logrado cargos relevantes, ingresos, posesiones, familia y aun así tener una sensación pesada de que “falta algo”, “falta más” y no por saturación y ambición desmedida, sencillamente porque el principal logro no radicaba en todo lo anterior, aunque la sociedad así lo determinara para ser una persona “plena y completa”. Lo cierto que el mejor juez, el mejor crítico y el mejor espectador con visión aguda para determinar sí hemos logrado lo debido, somos nosotros mismos desde nuestro código, nuestros valores fundamentales y nuestra dinámica interior profunda.

A todos nos agrada la sensación de éxito, ocupar una posición, ser reconocidos y tener un significado; lo cual nos lleva a someternos a los criterios exteriores de lo que es ese éxito y sin reparar mucho, terminamos abortando nuestro éxito real personal por un éxito social impersonal, que en definitiva jamás llenará a cabalidad nuestro ser.

Ese éxito para muchos, entonces se traduce en poseer cada objeto que me permita empavonarme ante los demás, a través de vehículos, casas de ensueño, cuentas bancarias, viajes, etc. Todo lo anterior hace que terminemos empeñando nuestra propia vida, a cambio de logros banales e insustanciales. Logros que al perderse física o socialmente, para muchos ha implicado el suicidio real o existencial. No hay nada de negativo en poseer lo anterior, la dificultad sobreviene cuando lo negociamos por encima de nuestra meta principal de vida.

El verdadero talante de alguien con definición auténtica de sí mismo/a radica en la capacidad de escuchar su interior y dar respuesta objetiva y precisa a sus solicitudes esenciales para cumplir con la finalidad de tener una vida ciertamente digna. Libre de presiones externas por muy sutiles que se presenten. No olvidemos que dichas presiones sobrevienen desde diversos actores con poder relativo sobre nosotros: religión, cultura, trabajo, familia. Al final de todas esas presiones, con buena dosis de suerte, podría aparecer un YO debilitado y casi sin oxígeno para actuar.

¿Es fácil entender y cambiar lo anterior? Pues no, no lo es. La presión externa es potente, no sólo por su insistencia si no por sus trampas institucionalizadas para provocarnos hacer cosas que no haríamos de ser libres en verdad. Muchas personas logran identificar el verdadero concepto de éxito al reconocer su propósito en la vida y aun así no son inmunes a esa presión. Recordemos aquel personaje que tomó conciencia que su llamado era claro para ser líder de una institución que ha sobrevivido hasta ahora, y que fue sometido a presiones y acusaciones de otros sobre su pertenencia, y pese a su convicción inicial, al ser presionado, respondió “que me caiga una maldición si les miento, les juro que no conozco a ese hombre”. Vea usted sí este no es mayor fracaso que perder una casa, un trabajo; es perder mi decisión, mi compromiso y en definitiva, mi identidad. Así pueda tener la capacidad económica de viajar por el mundo entero, habré perdido la capacidad de viajar por mi espacio interior que no tiene límites.

Por fortuna el aspecto positivo del fracaso radica en que tengo la oportunidad, si no la obligación, de rectificar y reivindicarme frente a mí mismo/a, no para satisfacer a los demás si no para satisfacer mis motivaciones más genuinas y encarnadas en mi ser fundamental. Ante la vivencia de este tipo de fracaso, el de verdad clave, puede sobrevenir la reflexión, la interiorización y la resolución. El poder reconocer la derrota de mi vida es básico para poder proponerme superar el único y mayor desafío de la vida: lo que debo ser y hacer para trascender como el ser único que he sido creado.


“Cuando entro en mi cuarto solitario después de un fracaso, éste no me hiere. Pero si estuviese obligado a encontrarme con los ojos interrogadores de mi mujer y tener que decirle que he fallado nuevamente... No podría soportarlo.” - Johannes Brahms

“Cómo podrías renacer sin antes haber quedado reducido a ceniza.” -Friedrich Nietzsche


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Viernes, 25 de Enero de 2013 16:51

El Desperdicio de la Frustración

Si hacemos una revisión de aquellas experiencias donde nos hemos sentido disminuidos, anulados, acorralados, limitados, fracasados, impotentes, es decir, sin concretar nuestros propósitos, es que nos hemos encontrado ante la presencia de una frustración. La frustración es una compañía inoportuna e incómoda que nos visita en variadas oportunidades a lo largo de la vida. Iniciamos muy temprano como el caso de los infantes que arman rabietas ante sus deseos truncados. Conforme crecemos, las rabietas socialmente no son admitidas pero en absoluto elimina el malestar e intensidad al sentirnos obstaculizados e imposibilitados.


Detrás de muchas posturas antagónicas, ofensivas, hostiles, depresivas, de huida o paralizantes, con frecuencia se esconden experiencias de frustración continuas. El cúmulo de frustraciones nos vuelve propensos a desplegar una actitud temporal o permanente de índole agresivo o bien pasivo.


Comprendamos  el significado de frustración. Se trata de una situación mental y emocional donde una   persona percibe, real o imaginariamente, que sus metas e intenciones no se han podido alcanzar, bajo una resistencia del medio o de otras personas. De allí se derivan, normalmente, comportamientos negativos en la persona afectada, que sólo restan energías a sus nuevos propósitos, manifestando desprecio, pesimismo, intolerancia, resentimiento, rencor, retiradas dolorosas y toda una serie de conductas que minan la efectividad, el ánimo y la motivación para enfocarse en los nuevos desafíos que se desprenden del obstáculo experimentado.


Un escenario perfecto para desplegar nuestras experiencias de frustración es el trabajo; campo por excelencia donde abundan las necesidades y los recursos son limitados para solucionar dichas necesidades. El consecuente inmediato es precisamente, la frustración de los diferentes actores. En algunos casos se “ganará” y en otros se “perderá”, en tanto no podemos siempre disponer de todos los recursos para subsanar nuestras demandas. Al aparecer lo segundo, las perdidas, allí mismo también se generan las respuestas destructivas como reacción a los cercos que nos imponen.


La frustración tiene un parentesco de primer grado con la inmadurez. Las personas maduras suelen tomar una postura constructiva frente a los acontecimientos adversos, contrarios a sus propósitos; se lamentan, por supuesto, sobre lo vivido, incluso pueden armar berrinches momentáneos, pero precisamente por un momento, luego se reparan, reaccionan y retoman el rumbo bloqueado temporalmente por el episodio frustrante. Con enfoque de madurez, la frustración se convierte en caudal de energía y en una potencialidad para ingeniarse otros medios que nos faciliten el objetivo deseado. Más que derrota se considera trampolín para nuevos intentos. Invita a la acción, acá la contemplación de heridas resulta perjudicial.


Versus las personas cuya madurez es menor. Ante los hechos frustrantes reaccionan con un comportamiento que supera su tolerancia y se desbordan en acciones descontroladas, gastando energías torpemente al grado que sus mismas acciones generan mayor frustración a la original. Así inicia una espiral descendente, donde sus mismas acciones robustecen una  cadena de sentimientos negativos. El foco de su atención se centra en la inmediatez de lo impedido y la mágica y caprichosa concepción de que sus anhelos deben ser cumplidos bajos sus criterios, condiciones y tiempos.


El problema fundamental de la frustración radica en la falta de tolerancia de manejar precisamente esos episodios lastimosos pero temporales. Como ya se mencionó, todos sin excepción, experimentamos a lo largo de nuestras vidas una serie de acontecimientos que nos limitan y que  nos recuerdan nuestra vulnerabilidad y fragilidad; es retomar la conciencia que somos humanos limitados y no semidioses que controlamos “todo” a nuestro antojo. Experiencias de frustración sólo es cuestión de tiempo, más tarde o más temprano, nos sobrevendrán cualquier tipo de momentos que nos golpean, contraminan, derriban y nos debilitan. El factor diferenciador para superar esos momentos desestabilizadores, radica en la actitud reflexiva y objetiva, contrarrestando el impulso de reaccionar con una emoción destructiva. Es básicamente, tolerar internamente y manejar externamente esa sensación y percepción de anulación y derrota.


Además de la tolerancia, el otro factor clave para enfrentar la frustración, es sobreponerse con rapidez a la experiencia. Dejar de inmediato, ese comportamiento de autocompasión y evitar prolongar la victimización. Lejos de eso, más bien, asumir un rol protagónico y valiente para volvernos nuestros propios salvadores y con carácter enérgico enfocarnos en salir de esa trampa ilusoria de sentirse limitado, golpeado y obstaculizado.


También debemos considerar que un elemento que agudiza la frustración es que quienes la sufren esperan que para superar la sensación de malestar la única solución inmediata es que las personas o condiciones que provocaron dicha frustración, cambien. No consideran la posibilidad que el bienestar sobrevendría al cambiar ellos mismos. Considerando que las probabilidades que los otros cambien es menor, entonces nos enfrentamos a una frustración casi permanente. En contraposición, y de forma digna y objetiva, deberíamos revisar aquellas ideas y comportamientos que podríamos cambiar nosotros mismos a fin de restarle impacto, poder y control a la vivencia frustrante.


Ligado a lo anterior, la frustración se perpetúa ante la incapacidad de las personas a ver opciones para enfrentar su malestar. Carecen de la visión de proyectar escenarios que ayudarían a salir de esa tortura emocional. Frente a los obstáculos, es el momento preciso para cuestionar lo hecho y proyectar otras rutas. Ahora la energía tiene un cauce: la exploración de accesos que nos podrían llevar a la gratificación de crear, realizar, progresar y sobre todo, de despertar a la realidad que los obstáculos son una escuela perfecta para fortalecernos y no para debilitarnos.


“La frustración está provocada por una sociedad que nos pide ser lo que no somos y nos culpa de ser lo que somos”- Alejandro Jodorowsky


“Una experiencia nunca es un fracaso, pues siempre viene a demostrar algo” – Thomas Alva Edison


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Estamos concluyendo un 2012 y lo hacemos bajo muchos escombros, los cuales han sido provocados por una serie de acontecimientos refinados en la vida política, social y económica de nuestro El Salvador; éstos han minado la autoestima y confianza de muchas personas. Desearía tener mejores palabras para describir cómo se finaliza un año deprimido y que su consecuencia inmediata también es la depresión sistemática y consistente de los habitantes de esta nación. Depresión con una serie de manifestaciones que nos alejan de nuestra recuperación personal y obviamente, la de nuestro país.


Lo que podemos observar claramente es una población rendida, agotada, debilitada. Su mentalidad es pesimista, derrotista y fatalista, en el mejor de casos, conformista. Con asomos de sonrisas pero con profundas y marcadas frustraciones y heridas. El desasosiego es evidente. Para profundizar este punto puede referirse al Artículo “Desesperanza en El Salvador”.

Pese a ello, lo menos que debemos hacer es provocar lamentos inconsolables que no abonan en nada a nuestra recuperación. Ciertamente las condiciones no son las más felices y el pronóstico continúa siendo sombrío y cuestionable. Con todo, y sobre todo, es ahora cuando debemos desplegar una actitud y un comportamiento diferente y mejor enfocado, a fin de desarticular el principal factor que podría contribuir a que los peores pronósticos se cumplan, es decir, nosotros mismos y nuestro comportamiento.

Lo fundamental, y ante todo, es sencillamente, decidirnos por una actitud positiva y superior. Decisión totalmente personal, que no se condiciona en el exterior sí no que se formula desde el interior. Es la capacidad de decir con coraje “superaremos esto”, “no me rindo”, “avanzaré pese a todo”, evitando frases huecas para dar a formar de frases de acción. Hay mucho aún por hacer, más ahora, con tantos derrumbes a nuestro alrededor. He allí nuestra verdadera oportunidad, perfecta para vivir.

Precisamente, es cuestión de decisiones personales: decidir por un sistema positivo de creencias o bien por un sistema negativo, en el segundo usted tendrá sobre seguro un panorama interior destructor, catastrofista y derrotista. En cambio, en el primero, usted podrá generar una estrategia interior para sonreír con verdadero sentido del humor y desde esa alegría, que nadie puede alterarle, energizarse para iniciar la búsqueda de opciones que le permitan remontar adversidades que ahora enfrenta. No intente superar dichas adversidades desde un marco de vida negativo, sería energía dispersa; siempre verá el obstáculo pero no la mejor solución. Contrario a ese esquema, desde el positivismo maduro, usted podrá canalizar sus energías hacia senderos que le lleven a una mejor condición de vida. Obviamente habrá que recorrer rutas agrestes, de eso no nos libramos, pero se hará con satisfacción que nos proveerá mayor enfoque y valentía para avanzar de forma constante. Sólo recuerde a los pioneros en tierras norteamericanas: un esfuerzo que generó una nueva vida para esas personas.

Por tanto usted toma su decisión: ser un sol iluminando en pleno medio día o un sol escondiéndose en el ocaso. Se lanza a la batalla o la pierde sin haberla luchado.

Decidirse por este sistema positivo de creencias (sol en pleno medio día), conlleva asumir una actitud proactiva la cual es propositiva, responsable, contagiosa y hace uso de los recursos internos de cada persona.

Usted podrá disponer de sus propios recursos, reconocerlos, valorarlos y sobre todo, utilizarlos. Comience la tarea de evaluar con qué cuenta y cómo puede hacer uso de ellos. Y al pretender hacer uso de dichos recursos hágalo de forma entusiasta, capaz de irradiar energía al grado que contagie e ilumine a los de su alrededor; no olvide que usted solo difícilmente logrará mucho, siempre se requiere de otros.

Asuma la responsabilidad de su vida, olvide el asistencialismo y el “milagro” oportunista, hágase dueño de su vida ahora mismo y resuelva qué hará, cuándo lo hará, cómo lo hará. Así comienza una sensación de autocontrol que progresará conforme alcance pequeñas metas. De mantener la disciplina y la constancia,  estará a las puertas de una realización mayor, ni siquiera provocada por el logro mismo de las posibles metas concebidas, si no por el mismo hecho que usted ya tomó la conducción de su vida y ahora podrá dirigirla por rutas de crecimiento y progreso. Podría hasta sorprenderse y encontrarse que posiblemente cambie de rumbo para retomar la ruta perfecta para su realización.

No espere arengas de gritos y júbilos para sentirse motivado. Inicie por lo básico, sólo decídase y luego comience su batalla gloriosa personal. El nombre del juego es “vencer los obstáculos”, ahora ya tiene algunos elementos que se le ayudarán a esa faena de todos los días.


“Siempre me siento feliz ¿Sabes por qué? Porque no espero nada de nadie; esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución. Lo único que no se resuelve es la muerte. La vida es corta, por eso ámala, se feliz y siempre sonríe, sólo vive intensamente. Antes de hablar, escucha. Antes de escribir, piensa. Antes de herir, siente. Antes de rendirte, intenta. Antes de morir, vive.” - William Shakespeare


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